EL PERDON TRAE PAZ Y BENDICION

¿Cuánto debo perdonar? Mateo 18,21-35

La violencia a la cual hemos asistido en los últimos días nos lleva a grandes cuestionamientos, especialmente el cómo estamos resolviendo nuestras diferencias y de qué manera la autoridad ha venido perdiendo su razón de ser en un escenario en donde son más importantes los derechos que los deberes.

Tal vez nos estamos dejando llevar por la agresividad y se han venido perdiendo valores sociales como la capacidad de conciliar, la tolerancia, el perdón y el amor a nuestro prójimo.

El desenlace fatal del pasado miércoles desencadenó hechos aún más violentos perdiéndose vidas, bienes materiales del colectivo y la capacidad de la protesta pacífica.


Hace ocho días en ésta misma reflexión dominical el Evangelio nos iluminaba e invitaba a hacer parte de los discípulos del Señor Jesucristo dando frutos espirituales, sociales y materiales en donde pudiésemos vivir fraternalmente a pesar de nuestras equivocaciones y maneras diferentes de pensar.

En éste domingo si estamos atentos a la fuerza de la enseñanza del Señor en su Evangelio y si lo hacemos vida vamos a poder recuperar la paz y la fraternidad respondiendo a la misma pregunta que le hiciera Pedro: “¿si mi hermano me ofende, hasta cuántas veces le tengo que perdonar?, seguramente la respuesta ya la sabemos, intelectualmente sabemos que el Cristiano si en verdad lo es, perdona sin medida, pero en la práctica vemos que nos cuesta perdonar, aún más somos rápidos y furiosos al hacer justicia con nuestras propias manos.

Una vez que acaecieron los hechos en el CAI de Villa Luz como tal vez lo hicieron la mayoría de personas preocupadas por la paz fui a las redes sociales a ver antes de los noticieros las imágenes que pudiesen compartir los ciudadanos y me encontré con registros fotográficos y fílmicos de una verdadera batalla campal en donde sólo reinaba el caos y la destrucción, pero lo que más me causó estupor fue ver en algunos los perfiles en redes sociales de las personas que se alegraban por los desastres y el dolor de muchas familias que veían amenazada su vida, la llegada a sus hogares y la perdida de sus seres queridos. Quise ver sus “fotos” y a muchos los encontré junto a Ministros recibiendo los Sacramentos, otros con posters con contenidos como “El Señor es mi Pastor” y congregados en diferentes cultos con hermosas alabanzas y en piadosas oraciones. En síntesis: en la otra cara de la moneda hay un sentimiento cristiano que talvez no ha conocido la revelación del Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo.

En éstos mismo días escuché las palabras de despedida de un sacerdote que le pidió al Papa Francisco su reducción al estado laical para poder seguir anunciando el Reino de Dios sin los deberes propios del ministerio Presbiteral y sus palabras me dejaron consternado al experimentar como nos cuesta ver que el mal ronda incluso dentro de la Iglesia como León buscando a quien devorar y nosotros indiferentes frente a la manifestación del Rey de la oscuridad. El Padre Teodoro Kranz afirma que tenemos un pueblo de Dios que busca a Dios pero que está lejos de vivir como ese Dios nos pide: en fraternidad y respetando las manifestaciones que el Espíritu Santo, en perdón y misericordia. Él ha experimentado en su ministerio que el espíritu del mal sigue manifestándose de tantas maneras como lo henos venido presenciando en éstos tiempos y que se hace necesario volver a las raíces del cristianismo.

El Evangelio de éste Domingo es un fundamento para rescatar a la sociedad de la violencia, la corrupción, el miedo y la falta de tolerancia. El perdón es muy importante en nuestra vida cristiana. El Señor Jesucristo muere en la cruz sin pecado, ofreciendo su vida por los pecados de la humanidad. Hasta el último momento de su vida quiso manifestar su perdón al ladrón que arrepentido compartía a su lado el suplicio de la cruz.

El perdón según pedro, al ejercerlo siete veces es generoso en relación con la práctica judía de la venganza, pero llevar los cálculos al pie de la letra dejan en el corazón del cristiano un gran vacío porque siente que cada vez más se le agota el combustible de la misericordia.

La experiencia judeo-cristiana nos muestra la ley del “ojo por ojo y diente por diente”, la venganza era la mejor manera de satisfacer los oprobios y de ésta manera la pregunta de Pedro no es más que una búsqueda de la misericordia en el corazón de su maestro.

Al igual que la reflexión del domingo anterior: “el número no es lo importante” cuando se trata de perdonar. El perdonar para el discípulo de Cristo, es decir para nosotros los cristianos debe ser una actitud permanente y sin reparo.

Tal vez en mi ministerio sacerdotal las satisfacciones más grandes no han estado porque en las celebraciones se hayan visto personas caer al suelo, sacudirse y reptar como serpientes, o escuchar sonidos de animales sino en el silencio de una oración de perdón como después de muchos años el Señor toca nuestros corazones y en medio de la asamblea litúrgica alguna persona es capaz de perdonar de corazón de sanar las heridas causadas por su agresor.

Apagar el fuego con gasolina traerá mayor conflagración y en nuestra vida práctica genera odio, división, violencia y los deseos de venganza genera un corazón agresivo y violento.

El Papa Francisco en una hermosa catequesis el 25 de abril del 2019 nos enseña: “Todo cristiano sabe que para él existe el perdón de los pecados, todos lo sabemos: Dios lo perdona todo y perdona siempre. Cuando Jesús dibuja ante sus discípulos el rostro de Dios, lo describe con expresiones de tierna misericordia. Él dice que hay más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por una multitud de justos que no necesitan conversión (Lc 15,7-10). Nada en los Evangelios sugiere que Dios no perdona los pecados de aquellos que están bien dispuestos y pide que se le vuelva a abrazar…” El Papa Francisco nos recuerda que nuestro Dios es un Señor de misericordia y perdón, un Dios que ama hasta el extremo entregando a su hijo en la cruz por el Perdón de nuestros pecados. Que hermoso cuando frete a nuestro Dios nos sentimos pecadores, pero a la vez liberados del pecado por su gran amor, gracia que no podemos desaprovechar sino por el contrario abrazar para poder vivir en paz.

En el Evangelio de éste Domingo vale la pena detenernos en la parábola en donde el personaje que fue perdonado cuando llegó el momento de perdonar a su deudor no lo hizo, apareciendo como despiadado, falto de misericordia y sin entrañas; de ahí se deduce la sentencia del Señor Jesucristo: “quien no perdone a su hermano no será perdonado”.

Es difícil humanamente perdonar? Claro que sí, aún más cuando los agresores que han sido perdonados siguen en su misma actitud de hacer daño. Y aquí es cuando reconocemos que sólo hay conversión cuando hay un encuentro verdadero con el Señor Jesucristo, cuando le hemos conocido en su Evangelio, de manera sacramental y en la experiencia comunitaria de la Iglesia. Si éste presupuesto no existe el perdón será simplemente la plataforma para que otros sigan delinquiendo sembrando dolor y caos en nuestras vidas.

Cada vez se hace más pertinente frente a nuestro cristianismo preguntarnos si hemos buscado ser cristianos porque en ocasiones necesitamos que se nos solucione un problema, si hemos acudido al templo porque el agua nos ha llegado hasta el cuello o porque el Señor Jesucristo, su Evangelio y su proyecto de Reino de Dios es nuestro proyecto.

¿Qué obtenemos cuando perdonamos de corazón? Bíblicamente alcanzamos el perdón y la misericordia del Señor y sicológicamente el perdón hace bien a la salud mental, cuando no perdonamos hay agresividad en nuestras palabras, el resentimiento nos lleva a la búsqueda de venganza y esto nos hace cada vez más daño; el perdón ayuda a relacionarse mejor con los demás porque ayuda a restaurar los pensamientos, los sentimientos, las actitudes y nos llevará a ver a los otros sin prejuicios buscando siempre reconocer las debilidades para superarlas y no almacenarlas en nuestro corazón.

En este domingo se hace necesario que como cristianos podamos decir con San Francisco de Asís:

Señor: hazme un instrumento de tu paz
donde haya odio lleve yo tu amor
donde haya injuria tu perdón señor
donde haya duda fe en ti

Maestro ayúdame a nunca buscar
el ser consolado sino consolar
ser entendido sino entender
ser amado sino yo amar

Hazme un instrumento de tu paz
que lleve tu esperanza por doquier
donde haya oscuridad lleve tu luz
donde haya pena tu gozo señor

 

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