Felices por imitar a Dios que es bueno. San Mateo 5,1-12
Sean santos como es Santo el Padre del Cielo
En una época en donde el mal nos acecha, en donde la peste del coronavirus ha tocado la puerta de la mayoría de nuestras familias, el Señor Jesucristo en su Evangelio nos trae una palabra de bondad y bien: “Bienaventurados”
El ser Cristiano trae consigo la salud y la paz, grandes santos
como San Francisco de Asís en su caminar dejaba su huella de paz y bien y la
mayoría de los santos nos han testimoniado que los frutos del cristianismo son
tan grandes que incluso como en el caso del joven Carlo Acutis su cuerpo después
de más de una década de muerte no ha conocido la corrupción.
Hoy la Iglesia celebra una de las grandes fiestas, la de
todos los santos y nuevamente resuenan en nuestras conciencias las Palabras del
Señor Jesucristo, cuando nos dice: “sean santos como es Santo su Padre del
Cielo”.
Tal vez no hemos entendido el sentido y valor evangélico de
la santidad, pero al conocer vidas de santos nos damos cuenta que la santidad
es un llamado, el Señor nos llama a todos a ser santos, que cada uno vivimos
nuestra santidad en el espacio que nos ha correspondido vivir, Se entendía que
sólo eran santos los clérigos, las personas consagradas, las personas que
habían realizado actos heroicos, por tal razón en nuestra religiosidad popular
a cada santo le han dado una misión especial de acuerdo al imaginario popular. Cuando
encontramos santos en la Iglesia desconocidos, advertimos que se hicieron
santos en su hogar, como buenos padres de familia, obreros o profesionales, en
las redes sociales y programadores de sistemas avanzados como es el caso de
Carlo Acutis.
Lo santos, no son mas que bienaventurados, o dichosos, felices.
La Iglesia en cada uno de sus bautizados ha de vivir la dicha, el gozo.
La felicidad en la Iglesia no está ni en el poder humano, ni
en el poder, tampoco en la vanagloria de sus palacios, ni en su larga historia.
Los pequeños, los pobres de espíritu, los perseguidos por el
Evangelio, los que luchan por la paz, los artesanos de un mundo más justo,
ellos son los bienaventurados según el Evangelio que escuchamos este domingo en
todos los templos católicos Romanos del mundo entero.
En una sociedad en donde asesinan a los líderes sociales, a
los ambientalistas, a los artesanos de la paz, la Iglesia sin cesar debe hacer
oír el llamado del Señor a la santidad, es decir a trabajar por la justicia,
por la paz, por la ecología y especialmente por la igualdad.
Como lo dice continuamente el Santo Padre Francisco una
Iglesia en salida debe salir de los lugares de culto, de las sacristías, hacia
donde hay tristeza y angustia por la sangre derramada, el odio generalizado, la
polarización instaurada. La santidad se construye en esos escenarios y no podemos
pretender que el hábito hace al monje.
La tendencia cuando de santidad se trata es imitar a esos santos famosos que durante siglos han prevalecido en la conciencia colectiva del católico, siempre con un sentido utilitarista, pues la pregunta no sobra cuando al preguntar de santos se trata: ¿“y ese santo para qué es bueno”? Necesitamos en nuestra vida espiritual dejar de pensar y actuar en clave utilitarista y pasar a preguntarnos: ¿éste porque se hizo santo? ¿Cuáles son sus virtudes? ¿Sus actos heroicos?
Cuando advertí que cierto santo tenía tanta fanaticada,
especialmente en las personas que estaban en edad de casorio, y llegada su
fiesta, elaboré una predicación y la presenté dándole a ese santo el nombre con
el cual se le conoció en el momento en que llegara a Padua, ciudad Italiana en donde
se hiciera santo. Ilustré la vida de Fernando de Portugal, un hombre que buscó
la simplicidad de la espiritualidad en la oración, en la contemplación de las Sagradas
Escrituras, en el servicio y amor a los pobres, especialmente a las viudas,
huérfanos y abandonadas víctimas de las enfermedades que en esa época se sumergieron
en el dolor a Europa, especialmente a Italia.
Terminado el servicio litúrgico me reclamaron por no haber
hablado de su santo y de su particular mérito: “conseguir novio a las que
estaban en edad de contraer nupcias”. Claro, eran tan devotas que no sabían que
su santo no se llamaba Antonio, no sabían porqué en el convento le habían dado
el nombre de Antonio, tampoco sabía que no era de Padua, sino venido de
Portugal. En fin, para ilustrar a mis lectores, por lo general no conocemos a
nuestros santos, su vida, sus méritos, sus luchas, sus persecuciones, sus alegrías,
sus motivos para que la Iglesia los haya elevado al honor de los altares.
Es muy interesante en nuestro crecimiento espiritual conocer
vida de santos, hay unos con testimonios heroicos que nos dejan asombrados. En
verdad desconocidos en la piedad popular que casi siempre los clasifican en la
búsqueda de salud, dinero, uniones de parejas, protección y otras tantas que
nos llevan a desdibujar el verdadero sentido de la santidad.
Cuando empezamos a conocer las vidas de los santos
descubrimos que el camino de santidad es una renuncia continua al poder de este
mundo para abandonarnos en las manos del Señor, de su Reinado. La felicidad no
está en la ostentación del dinero y del poder sino en la simplicidad de las
pequeñas cosas.
San Mateo presenta las Bienaventuranzas o hechos propios de
santidad como acciones que nacen de un corazón abandonado en Dios que con
seguridad no tendrán la aprobación de este mundo, pero que según el Evangelio
de este Domingo la recompensa será grande en los cielos.
Apostémosle a ser santos, viviendo en nuestro espacio los
valores del Reino de Dios: la justicia, la paz, la fraternidad, la lucha por la
igualdad, el respeto por la casa común y especialmente la admiración por todo
lo que Dios ha creado cantando con San Francisco de Asís: “alabado seas mi Señor”.
Estos son los valores Evangélicos que deben caracterizar a nosotros
los cristianos y a nuestras comunidades de fe para empezar a oler a santidad.
Lo demás es vanagloria humana que se corroe y envilece.
Feliz Domingo.
Que lindo mensaje Padre Sady, de verdad en estos momentos que estamos pasando de angustia por esta pandemia donde tantas personas nos necesitan, ahí es donde está nuestro cristianismo, si de verdad somos personas de Dios y queremos un lugar allá con Él, tenemos la oportunidad en estos momentos de demostrarle que tanto lo amamos , porqué su rostro està en cada uno de ellos.
ResponderEliminarGracias Señor por todo lo que nos presentas para estar a tú lado.