SOMOS HIJOS AMADOS DEL PADRE: “HERMANOS TODOS”
En éste Kairós o tiempo de Dios se han reunido la semana
anterior en la plaza del capitolio de Roma los grandes líderes de las
diferentes religiones del mundo en un mismo sentir, la oración por la unidad y
la paz, en donde nuevamente el Papa Francisco ha sido el protagonista de unidad
al abrazar con su mirada a Tibetanos, Musulmanes, Cristianos de diferentes
denominaciones, Rabinos y muchos otros que hicieron una lectura desde la fe de
la pandemia y la responsabilidad que tiene el hombre en el cuidado de la casa
común, los esfuerzos de paz y la búsqueda de una civilización en donde nos
sintamos hermanos hijos de un mismo Padre según la revelación histórica que
hayan recibido sus pueblos, bajo el nombre de YHWH, Mahoma, Buda, Jesucristo,
Alá o tantas semillas del Verbo esparcidas en el mundo entero e interpretadas
por un pequeño de Asís llamado Francisco que abrazó a los despreciables de su
época para llamarlos hermanos, hermano sol, hermana luna, hermano lobo, hermano
leproso, hermanos todos, Fratelli Tutti, título de la Encíclica del Papa
Francisco en un tiempo tan difícil como el de ésta Pandemia.
Estamos llamados a ser “creaturas de comunión con todos”
especialmente con los más débiles de la creación, con los más enfermos moral y
físicamente, los mismos que la sociedad ha usado y luego ha descartado, que
pueden ser seres humanos o bienes comunes como los páramos, la Amazonía y el
agua. Dios lo creó todo bueno, todo para nuestro disfrute, no para abusar de lo
creado sino para administrarlo en favor de los hermanos, porque somos todos
hermanos, o vamos seguir vendiendo a nuestro hermano más débil? ¿Vamos a seguir
repitiendo la historia de José que fue vendido a unos mercaderes extranjeros?
¿El agua y los páramos, las reservas naturales están en venta a los viandantes
extranjeros?
El Evangelio de este Domingo seguramente lo hemos escuchado
muchas veces y lo hemos usado cuando queremos reclamarle a un religioso, a la
Iglesia diciéndole: ¿acaso el Señor no nos pide que amemos a todos? Pero cuando
se trata de amar, esperamos que el líder religioso lo haga primero, o la
institución religiosa a la que pertenecemos y el Papa nos recuerda que todos somos hermanos por el
amor del Padre, nos invita a liberarnos de todas las separaciones, y para esto
el Evangelio no puede ser más una ideología sino vida: amar con todo la mente,
con todo el corazón, con todo el cuerpo, con todas las fuerzas al Padre, a sus
hijos, osea a nuestros hermanos, incluida toda la creación y nosotros mismos.
Dejemos que las Palabras del Señor Jesucristo en el
Evangelio de hoy, resuenen no solo en nuestros oídos sino en nuestro corazón,
“amarás al Señor tu Dios con todas tus fuerzas, con tu alma, con todo tu ser y al
prójimo como a sí mismo”. Palabra que nuevamente pronuncia el Señor Jesucristo
bajo la presión de quienes querían ponerlo a prueba de quienes están atentos a
que trasgreda la ley de Moisés para tener motivo de acusarlo.
El Señor Jesús no habla de un amor total, es un amor de
enamorados, de todo el cuerpo, de toda el alma, si el amor no nos hace mover el
cuerpo no es amor verdadero y si solo nos hace mover solo el cuerpo es pasión.
Jesucristo nos habla de un amor práctico, porque no se ama en abstracto, se ama
un rostro, una mirada, un cuerpo, una idea, unos ojos, el amor no viene de una
programación mental, sino que nace de los actos cuotidianos en el contemplar,
escuchar, tocar, ver, oler, llorar con el otro, reír, hacer planes con el otro
y realizarlos para reír o llorar juntos. Cuanto daño nos han hecho al
obligarnos a tener categorías de pensamiento aprendidas en un libro de Dios sin
haber sentido sus manos, sus ojos, su sudor, su sonrisa, su abrazo. La primera
vez que en oración pude ver al Señor, que toqué sus manos, vi su rostro, su
mirada, no he dejado de dedicar tiempo con mis hermanos que se congregan los
viernes y los domingos a alabar y orar para al final en un tono suave decirles:
“levanten sus brazos los que sintieron al Señor”. Estoy seguro que nuestras
vidas han cambiado, muchos hemos dejado el amor al trago, al ritualismo, a las
personas del poder, a los juegos de azar, a la vanagloria y las manos del
Señor, su mirada, su rostro, su respiración es lo que nos ha enamorado más que
las fórmulas doctrinales que habíamos aprendido. Qué lástima que no fue, al
contrario, primero haber tenido un encuentro con el amor verdadero para después
haber teorizado, como dice el Evangelio, haber sido “testigos” de su amor.
En la pandemia, he sido instrumento a través de la
plataforma e-learning “Moodle” de formación de quienes quieren contraer
matrimonio y me agrada mucho cuando los novios tocan con sus manos y leen la
enseñanza de San Pablo del verdadero amor según Amoris Laetitia del Papa
Francisco. Los novios desaprenden el amor que vieron en sus padres o en sus
amigos para adentrarse en ese amor que se expresa con el alma, con el cuerpo y
con todo su ser.
El amor del cristianismo es sin medida, sin normas, porque
el amor lo es todo. Con respecto a Dios si lo amamos no necesitamos reglas ni
horarios, siempre lo amaremos y daremos culto sin medida, los ritos caen y Dios
está en quienes lo alaban para abrazarlos y llenarlos de su plenitud, al igual
con nuestra esposa, esposo, persona amada, le amaremos sin dar cabida a la
mentira o a la infidelidad a o calcular como me preguntaba un joven: “Padre, es
verdad que en la infidelidad lo importante es que mi pareja no se entere y
sufra?” Pues en la infidelidad oculta a quien estamos haciendo sufrir es a
nuestro padre Dios que se entristece cuando un hijo está muy mal. Por eso le
dije a ése joven, si tuvieras un hijo que se acaba de mutilar un brazo a ti te
dolería?
Todo lo malo o el mal uso que le demos a nuestros hermanos,
incluida la madre tierra, el agua y todo lo creado le dolerá a nuestro Padre
porque el ama a sus hijos y ningún padre quiere ver a sus hijos en el mal.
Feliz Domingo.


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