DOMINGO 13 DE NOVIEMBRE 2020
NO AL CONSERVADURSIMO, SI A LA CREATIVIDAD.
“Porque al que tiene se le dará y le sobrará,
pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene” Mt 25, 14-30
El deseo de conservar aquello que hemos tenido durante
siglos nos está llevando a no saber arriesgar, a enterrar nuestros talentos y
no ponerlos a producir.
Lo más valioso en esta pandemia ha sido el reinventarnos, el buscar caminos nuevos para llegar a la misma meta. El reinventarnos y la reingeniería van de la mano, en palabras del Señor Cardenal Darío Castrillón Hoyos, quien fuese Arzobispo de Bucaramanga, la Iglesia, entendida como todos los bautizados debía entrar en una continua reingeniería, en un buscar llevar el mismo Mensaje de la Buena Noticia buscando nuevos métodos.
Sus palabras no fueron tomadas en serio porque fuimos
educados en una estructura tan bancaria que no tenemos competencias para inventar,
para crear, para hacer caminos nuevos. El Cardenal Castrillón Hoyos le apostaba
a que los miembros de la Iglesia, es decir todos los bautizados, especialmente
los Presbíteros y Obispos tuviésemos una cultura global, como es global la
Iglesia, es decir una verdadera catolicidad. La aldea global de Marshall McLuhan
si cupo en la mente de este Paisa que aró en tierras Santandereanas, su propuesta
luego tuvo eco en el Santo Juan Pablo II quien vio la necesidad de que el Clero
del mundo no enterrase los talentos, sino que los arriesgara en una
evangelización utilizando los medios de comunicación, la formación permanente,
el manejo de varios idiomas especialmente las lenguas clásicas para poder hacer
una auténtica hermenéutica de las
Sagradas Escrituras y una aproximación a la sociología para tener una
espiritualidad Evangélica, una continua interpretación de la realidad, en donde
cada Pastor ha de sembrar la Semilla de la Palabra.
El reinventarse es no guardarse los talentos, es arriesgar e
ir a la meta con nuevos métodos, nuevo ardor, nueva expresión. La reingeniería
se apagó entre nosotros cuando volvieron a hacer parte de nuestras vidas las
bitácoras pastorales, en donde no hay lugar para la creatividad, todo está dicho
cómo se haga, cuándo y hasta con quienes. Así todo parece más fácil y seguro.
En la Iglesia quienes más nos reclaman una reingeniería son
los jóvenes; quienes son más paquidérmicos son las personas mayores y la franja
de producción intelectual, económica y de posicionamiento social está
reinventado para el mundo, pero lejos del corazón de Cristo y de la Iglesia.
En éstos días vimos partir a un Presbítero a la casa del Padre que continuamente se estaba reinventado desde la Buena Noticia del Evangelio; Hernando Pinilla Rey, no sólo fue un Presbítero que reinventó el que hacer milenario de la Iglesia institución sino que supo leer el Evangelio
en favor de los amados de Jesucristo: los pobres. Ellos estuvieron en sus exequias para compartir cómo su presencia había
renovado sus vidas, el cómo su don de la música no se la guardó bajo tierra para repetir los mismos himnos, sino que supo componer, interpretar con el corazón melodías que llegaban al corazón de los más sencillos y humildes, no se guardó la Teología y Filosofía aprendida en su formación, al contrario la escuela Francesa que llevaba en su mente y corazón lo llevó a cuestionar, a preguntarse qué haría Jesús en éstas circunstancias. La liturgia que fue su especialización no era el repetir unas rúbricas sino “vivir la celebración”. En una ocasión le pregunté su concepto de liturgia y me dijo: “analice cómo celebran los pobres”, todos son felices, comparten, se reparten, ponen al servicio de su celebración, el tiempo de celebración no es problema…y lo más importante, salen de la fiesta con un platico para el que quedó en casa. Creo que fue la mejor definición de Liturgia. Me imaginé al Señor Jesucristo que con sus discípulos celebraba las fiestas de los Judíos y en cánticos de salmos, al son de panderos poco a poco nos dio su Cuerpo y su Sangre y se quedó hasta el fin de los tiempo en los Sagrarios para que puedan también comer los enfermos, ancianos y discapacitados que están en casa. Hernando no se quedó con nada, no enterró sus talentos, los puso al servicio de los demás, especialmente entre los más pobres y ese riesgo que corrió lo llevó a experimentar el estar lejos de su propia casa, pero allí tampoco se guardó nada.
En este Domingo, si leemos con atención la Parábola de los
talentos, la invitación es para salir de la comodidad del “repetir”. Es muy
fácil hacer lo que siempre se hace y se ha hecho. Pero arriesgar los talentos
para ponerlos a producir requiere de nosotros dejarnos llevar por el Espíritu Santo
que nos lleva a nuevas experiencias, que nos da sabiduría, que nos permite ser
creativos, audaces e incluso a arriesgar nuestras seguridades. Bien dice el
Papa francisco: “quiero una Iglesia accidentada en la calle y no enferma en las
sacristías”.
Tal vez lo más peligroso es pensar que si entierro los
talentos para cuando me pida cuentas el amo, entonces entregaré sin pérdida,
pero el Señor desea que pongamos a producir, que no nos quedemos con lo que El nos
ha dado. Que triste es alimentar entre nosotros la incapacidad a la creatividad,
el esperarlo todo mágicamente o basados en la superstición. Peor aún no permitirle
a los bautizados que pongan al servicio sus saberes, sus talentos, sus dones y
sus carismas.
En las Exequias del Padre Hernando, en las palabras tanto
del Pbro. Freddy Ramírez como de los laicos que intervinieron hubo un común denominador:
“Evangelio”. El Evangelio que crea comunidad, que da esperanza, que consuela, que
alimenta nuestra fe y que nos permite sentirnos una parte de la comunidad para
hacer que crezca el Reino de Dios entre nosotros. No en vano nos mandó el Señor
Jesucristo: “Vayan y anuncien la Buena Noticia”. Basta al deseo de conservar para dar paso a
la creatividad Evangélica.
Feliz Domingo.


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