PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

UN NUEVO AÑO PARA NO DEJARNOS ADORMECER.

“Miren, vigilen: pues no saben cuándo es el momento” (Marcos 13, 33-37)

 Hoy la Iglesia inaugura en su liturgia un nuevo año, dejamos atrás el Evangelio de Mateo y ahora tendremos en éste nuevo año como referente el Evangelio de San Marcos, un Evangelio más robusto en su inspiración por sus fuentes, su lenguaje y por ser la base literaria para los otros Evangelistas. Cronológicamente el Evangelio De Marcos fue escrito en los años 50 después de Cristo, mucho antes que Lucas y Mateo por un discípulo muy cercano de Pedro y Pablo, llamado Juan Marcos, por lo tanto, su inspiración viene de los dos grandes apóstoles de la Iglesia naciente.
Bienvenidos a éste nuevo año litúrgico que por su puesto no es más que una búsqueda de ése Señor cuyo misterio contemplaremos desde su nacimiento hasta su resurrección en clave de pandemia y de situaciones límites como las que hemos que  hemos experimentado en éste año, reconociendo muy de cerca nuestra fragilidad, finitud y especialmente las carencias que la COVID ha venido sacando a la superficie: el grito urgente de la madre tierra por su cuidado, el nefasto deterioro del liderazgo y de las instituciones, la falta de hermandad y la corrupción matizada por el deseo de poder para enriquecer a unos pocos dejando descartados a muchos pobres en la tierra.

Caminaremos éste nuevo año con la esperanza de un día mejor, en el querer seguir en esa cuaresma que iniciamos éste años 2020 y que aún no ha terminado porque aún seguimos aferrados al egoísmo y nos ha costado mucho vivir la experiencia del desierto, de la renuncia, del encontrarnos con el Creador y mirar al otro como Hermano, el desierto que no hemos querido tener la sociedad de consumo nos lo cambia por días de exceso en consumir y en el aparentar. La búsqueda de bienestar económico se sobrepuso en el dejar descansar el aire, la tierra, los animales porque los sistemas económicos vienen exprimiendo al hombre en su trabajo y la producción del capital es lo más importante más no la persona humana, criterio económico que se contrapone al llamado del Señor Jesucristo cuando nos dice: “de qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su propia vida?” (Mt 5, 33-37). En la reapertura de la economía en las ciudades capitales del país como restaurantes, centros comerciales, bares, entramos también nosotros en ese rango, así hemos sido mirados y los que hemos caído bajo ese presupuesto hemos aumentado el número de Misas para volver a la “nivelación económica”, será que no hemos entendido que necesitamos hacer un desierto, ¿de obligar nuestro espíritu a meditar a reflexionar a preguntarnos si esa vida religiosa que hemos llevado en verdad es cristiana? ¿Si somos en verdad de ese Jesucristo que hizo desierto? ¿Que se iba a lugares apartados para tener intimidad con su Padre? Después de estar el Señor con multitudes, nos narra el Evangelio, se retiraba a un lugar solitario a orar, a escuchar la voz del Padre del Abba, qué importante este tiempo que no hemos querido aceptar, que se nos fue en estadísticas de contagiados, de muertes, de anuncios de vacunas, de reuniones a escondidas, de escondernos de la policía, del uso excesivo de lo virtual. Bienvenido nuevo año del Señor para poder aprender más de Ti en la oración, en el silencio, en la fraternidad con todos y especialmente en la construcción el Reino de Dios.

En este domingo la Iglesia como símbolo de un tiempo de espera, el tiempo de Adviento, se viste de color morado, signo de penitencia, de austeridad, de silencio interior, de vigilancia, muy diferente a aquello que gritan los megáfonos de la publicidad comercial; iniciamos un tiempo para la inteligencia espiritual, para renunciar a tanto ruido y estar vigilantes, a la espera de la venida de nuestro Señor Jesucristo que quiso nacer en la humildad de un pesebre.

Las Palabras de Jesucristo en este domingo primer de Adviento son muy sencillas pero muy necesarias en este tiempo: “Miren, vigilen”, “estén despiertos porque nadie sabe ni el día ni la hora” (Mc 13, 33-37).

Talvez el no haber hecho el desierto al que nos lanzó la pandemia nos está llevando a la desesperanza, se habla de mayor ocupación en los centros de siquiátricos, más pesimismo, menos ilusiones, una nube gris está en el horizonte y llega a nuestra vida en la Iglesia un tiempo para la reflexión, para mirar la crisis como una gran oportunidad para plantearnos un nuevo estilo de vida.

Dejemos que la Palabra de Dios nos permita ser llevados a una buena espera, a un experimentar que el Hijo de Dios nuevamente se encarne en nosotros como se encarnó en las entrañas virginales de María, hagámonos sordos al consumismo, a los cultos vacíos, a la polarización política, a la exaltación de personas que fueron buenos en su arte pero su vida moral fue un mal ejemplo para las nuevas generaciones, estemos despiertos, vigilemos, que el nuevo opio del pueblo: los medios de desinformación,  como dijera Karl Marx, de la religión en su época; QUE no nos sigan dopando frente a realidades urgentes como salvar el planeta que sucumbe por las prácticas malas y perversas de las manos del hombre depredador, nos están adormeciendo, caminamos como zombis de manera real y virtual en los días sin IVA, en los viernes negros,  en las campañas políticas, en las crónicas deportivas, en los escándalos de los famosos. Vigilemos, estemos despiertos porque no sabemos ni el día ni la hora, dice el Señor Jesucristo.

Feliz Año litúrgico.

Youtube: Mensajes. P. San José.

  

Comentarios

  1. Gracias Padre por esta reflexion, gracias mi Señor por permitirnos estar en tú presencia y estar despiertos , vigilantes a cada llamado que nos haces , abre nuestros corazones y llenanos de tu Espiritu .Ayúdame Señor a ser cada dia mejor y dame fortaleza para seguir tú camino .Te lo pido Señor!

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