PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
UN NUEVO AÑO PARA NO DEJARNOS ADORMECER.
“Miren, vigilen: pues no saben cuándo es el
momento” (Marcos 13, 33-37)
Bienvenidos a éste nuevo año litúrgico que por su puesto no
es más que una búsqueda de ése Señor cuyo misterio contemplaremos desde su
nacimiento hasta su resurrección en clave de pandemia y de situaciones límites
como las que hemos que hemos experimentado
en éste año, reconociendo muy de cerca nuestra fragilidad, finitud y
especialmente las carencias que la COVID ha venido sacando a la superficie: el
grito urgente de la madre tierra por su cuidado, el nefasto deterioro del
liderazgo y de las instituciones, la falta de hermandad y la corrupción
matizada por el deseo de poder para enriquecer a unos pocos dejando descartados
a muchos pobres en la tierra.
Caminaremos éste nuevo año con la esperanza de un día mejor,
en el querer seguir en esa cuaresma que iniciamos éste años 2020 y que aún no
ha terminado porque aún seguimos aferrados al egoísmo y nos ha costado mucho
vivir la experiencia del desierto, de la renuncia, del encontrarnos con el
Creador y mirar al otro como Hermano, el desierto que no hemos querido tener la
sociedad de consumo nos lo cambia por días de exceso en consumir y en el
aparentar. La búsqueda de bienestar económico se sobrepuso en el dejar
descansar el aire, la tierra, los animales porque los sistemas económicos vienen
exprimiendo al hombre en su trabajo y la producción del capital es lo más
importante más no la persona humana, criterio económico que se contrapone al
llamado del Señor Jesucristo cuando nos dice: “de qué le sirve al hombre ganar
el mundo si pierde su propia vida?” (Mt 5, 33-37). En la reapertura de la
economía en las ciudades capitales del país como restaurantes, centros
comerciales, bares, entramos también nosotros en ese rango, así hemos sido
mirados y los que hemos caído bajo ese presupuesto hemos aumentado el número de
Misas para volver a la “nivelación económica”, será que no hemos entendido que
necesitamos hacer un desierto, ¿de obligar nuestro espíritu a meditar a
reflexionar a preguntarnos si esa vida religiosa que hemos llevado en verdad es
cristiana? ¿Si somos en verdad de ese Jesucristo que hizo desierto? ¿Que se iba
a lugares apartados para tener intimidad con su Padre? Después de estar el
Señor con multitudes, nos narra el Evangelio, se retiraba a un lugar solitario
a orar, a escuchar la voz del Padre del Abba, qué importante este tiempo que no
hemos querido aceptar, que se nos fue en estadísticas de contagiados, de
muertes, de anuncios de vacunas, de reuniones a escondidas, de escondernos de
la policía, del uso excesivo de lo virtual. Bienvenido nuevo año del Señor para
poder aprender más de Ti en la oración, en el silencio, en la fraternidad con
todos y especialmente en la construcción el Reino de Dios.
En este domingo la Iglesia como símbolo de un tiempo de
espera, el tiempo de Adviento, se viste de color morado, signo de penitencia,
de austeridad, de silencio interior, de vigilancia, muy diferente a aquello que
gritan los megáfonos de la publicidad comercial; iniciamos un tiempo para la
inteligencia espiritual, para renunciar a tanto ruido y estar vigilantes, a la
espera de la venida de nuestro Señor Jesucristo que quiso nacer en la humildad
de un pesebre.
Las Palabras de Jesucristo en este domingo primer de Adviento
son muy sencillas pero muy necesarias en este tiempo: “Miren, vigilen”, “estén
despiertos porque nadie sabe ni el día ni la hora” (Mc 13, 33-37).
Talvez el no haber hecho el desierto al que nos lanzó la pandemia
nos está llevando a la desesperanza, se habla de mayor ocupación en los centros
de siquiátricos, más pesimismo, menos ilusiones, una nube gris está en el horizonte
y llega a nuestra vida en la Iglesia un tiempo para la reflexión, para mirar la
crisis como una gran oportunidad para plantearnos un nuevo estilo de vida.
Dejemos que la Palabra de Dios nos permita ser llevados a
una buena espera, a un experimentar que el Hijo de Dios nuevamente se encarne
en nosotros como se encarnó en las entrañas virginales de María, hagámonos
sordos al consumismo, a los cultos vacíos, a la polarización política, a la exaltación
de personas que fueron buenos en su arte pero su vida moral fue un mal ejemplo para
las nuevas generaciones, estemos despiertos, vigilemos, que el nuevo opio del
pueblo: los medios de desinformación, como dijera Karl Marx, de la religión en su
época; QUE no nos sigan dopando frente a realidades urgentes como salvar el
planeta que sucumbe por las prácticas malas y perversas de las manos del hombre
depredador, nos están adormeciendo, caminamos como zombis de manera real y virtual
en los días sin IVA, en los viernes negros, en las campañas políticas, en las crónicas
deportivas, en los escándalos de los famosos. Vigilemos, estemos despiertos
porque no sabemos ni el día ni la hora, dice el Señor Jesucristo.
Feliz Año litúrgico.
Youtube: Mensajes. P. San José.
Gracias Padre por esta reflexion, gracias mi Señor por permitirnos estar en tú presencia y estar despiertos , vigilantes a cada llamado que nos haces , abre nuestros corazones y llenanos de tu Espiritu .Ayúdame Señor a ser cada dia mejor y dame fortaleza para seguir tú camino .Te lo pido Señor!
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