CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

ALEGREMONOS, NO TENGAMOS MIEDO PORQUE EL SEÑOR ESTA CON NOSOTROS. «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Lucas 1, 26-38
Hemos llegado al cuarto domingo de Adviento, estamos ya muy próximos a la fiesta litúrgica del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Este adviento, ésta espera nos ha permitido ir caminando iluminados por la Palabra de Dios en un momento histórico bastante apremiante pero que con la ayuda del Señor hemos venido descubriendo la importancia de vivir a plenitud cada día en el amor y la caridad cristiana. 
En la primera Navidad también había mucha incertidumbre, pues se veía oscurecida la lleagada del Mesías, había una gran expectativa de libertad, las profecías habían presentado al Mesías como un liberador, como el que vendría a restaurar el Reino de Israel y su pueblo cada vez más experimentaba la pobreza, la esclavitud y el oprobio. El grito constante del Pueblo de Dios, de ese Pueblo Escogido era unánime: ver la luz, la libertad y que de sus montes vieran bajar los pies del mensajero de la paz. 
En este tiempo también el Pueblo de Dios sigue gritando pidiendo el clarear de un nuevo día. Hay un gran sentimiento de súplica al Dios de la vida, al Padre de Nuestro Señor Jesucristo por toda la humanidad que durante éstos últimos años ha visto cómo la madre tierra está enferma y su respirar se ha contaminado por una pandemia, sus habitantes cada vez más lejanos de la fraternidad, las grandes instituciones han perdido su liderazgo humanitario para ir en búsqueda del bien y enriquecimiento privado, los recursos naturales se ven amenazados por el egoísmo de unos pocos, la brecha de ricos y pobres se ha aumentado, la brecha entre países desarrollados y en vía de desarrollo se advierte con mayor facilidad en el momento de responder a un mismo fenómeno: la covid 19. 
Al estar ya muy próximos a la fiesta litúrgica de la Navidad, el Evangelio de este Domingo nos presenta una Buena Noticia, no como las que nos tienen acostumbrados por estos días los medios de comunicación. Al igual que para la gente de la época de la primera navidad, para nosotros hoy el Evangelio es una noticia para permitir que nuestros corazones se llenen de alegría, dejando atrás nuestros miedos y permitiendo que Dios se encarne en nuestros corazones para que sane, libere y transforme nuestras vidas. 
El Ángel que anuncia a María la encarnación y nacimiento del Hijo de Dios es una Buena Noticia para todos nosotros, pues la Santísima María es la Madre de Dios y Madre nuestra, portadora de la vida de Dios y en su seno virginal se hace Carne la Palabra que habitaba desde el Principio, Palabra que hoy irrumpe en nuestros corazones acongojados, tristes, desesperanzados por la amenaza en la cual nos encontramos. 
Abramos nuestro corazón a la Palabra del mensajero de Dios, del Ángel que hoy nos dice: “Alégrate” por todo lo novedoso y bondadoso que ha de venir, alegrarnos dejando atrás la impaciencia en la cual nos hemos sumergido por la rapidez e inmediatez a las cuales nos han acostumbrado las nuevas tecnologías, alegrarnos, no entristecernos al no ver los resultados inmediatos de una vacuna, de una respuesta a la fatal pandemia. Dejar de estar tristes por la limitación a nuestra locomoción, a las limitaciones en nuestra vida social, económica. La alegría es un don de Dios que nos quiere preparar para algo mejor, grande y transformador. María al igual que nosotros estamos siendo llamados a la alegría porque vendrá un nuevo tiempo, una nueva historia, veremos el clarear de un nuevo día. Hay tristeza en muchos corazones porque hemos confundido alegría con bienestar, aún más para muchos la alegría es confundida con embriaguez, gula, ostentación y despilfarro, actitudes que han lanzado a muchos a las calles, a multiplicar sus tareas para ir detrás de un bienestar económico sacrificando su propia vida y la de los más débiles o los llamados vulnerables. Abramos nuestros corazones a la verdadera alegría.
Dice el Ángel: Alégrate. Al igual el Ángel le dice a María y nos dice a nosotros: “no tengas miedo”. Imposible experimentar la alegría cuando estamos llenos de miedo, cuando experimentamos tanta incertidumbre. Nuestra vida interior se ha descuidado tanto que sólo nos hace feliz lo exterior. La meditación, la contemplación lleva a nuestros corazones a estar alegres y a echar fuera los miedos, los temores las incertidumbres. El miedo se ha apoderado de nosotros y sólo lo venceremos cuando en lo más profundo de nuestro corazón, después de haber hecho un verdadero ejercicio espiritual, escuchemos la voz del Señor Jesucristo que nos dice: no tengas miedo, yo estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos. 
Estos días en que nos vemos obligados a estar más tiempo en casa, en que hemos sido llevados como el Señor al desierto de nuestra propia vida podremos ejercitarnos en la lectura de la Palabra de Dios en donde el Señor hecha fuera el miedo y el temor para darnos un corazón alegre, fuerte, con la capacidad de admiración por las cosas pequeñas. Todos los que hemos visto un amanecer en medio de la naturaleza, talvez nos hemos preguntado: ¿porque trinan tan temprano las aves el cielo? Y es que ellas se alegran por el clarear de un nuevo día, hacen fiesta, se gozan de algo que pareciera tan pequeño, pero que para ellas es muy grande. 
El miedo nos ha hecho perder la capacidad de admirarnos por las cosas pequeñas. ¿Quién podrá contra nosotros si el Señor está con nosotros? El Ángel nos die: “el Señor está contigo”. ¿Si El está con nosotros porqué estar triste?, porqué tener miedo?, ¿acaso El no es nuestro Dios? Descubrir su presencia en nuestras vidas, sentir que El está con nosotros es Navidad, no es aquello a lo cual nos ha llevado la sociedad de consumo. Navidad es: no tener miedo y alegrarnos porque el Señor está con nosotros. 
Feliz Domingo y Feliz Navidad.

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