Segundo Domingo de Adviento.

REDUCIR LO QUE CONTAMINA EL CORAZON Y NO DEJA VER A DIOS

"Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos."»

El nuevo año litúrgico en éste segundo domingo de adviento nos presenta a San Maros, quien nos ayuda a reconocer que no todos hemos encontrado el verdadero camino, incluso muchos no saben que existe un camino para ir a Dios, ya no es su prioridad o simplemente se enfriaron y perdieron el horizonte de su fe.


San Marcos nos trae el grito del profeta: “allanen, preparen el camino, el sendero del Señor”, nos habla Juan el Bautista desde el desierto a todos los que estamos ensimismados en nuestra propia búsqueda, a quienes hemos construido una burbuja de vanagloria, de poder de riqueza humana, de salvaguardar la salud y de no perder lo que hemos construido durante toda nuestra existencia.

Esas seguridades construidas consciente e inconscientemente nos están llevando a no conocer, a no interesarnos por ir tras el Señor Jesucristo y si hay una búsqueda de El es simplemente por una necesidad material, ya sea en búsqueda de salud, de seguridad económica, laboral y las filas son grandes cuando se trata de buscar quién remedie nuestras necesidades.

Allanar el camino según San Marcos, según Juan el Bautista no es otra cosa que abajar, reducir, minimizar lo material, las preocupaciones humanas, las seguridades personales para hacer crecer lo espiritual, para dar paso en nuestras vidas a ese Dios que se sigue haciendo el encontradizo en nuestras vidas. Lo bello, lo hermoso, lo sublime son categorías propicias para encontrar a Dios; una buena predicación, el escudriñar las Sagradas Escrituras, la meditación y ver el rostro sufriente de tantos hermanos que pasan necesidad es un camino expedito par encontrarnos con el Señor Jesucristo.

Necesitamos también reducir tantos rezos, fórmulas, rituales para tocar el manto del Señor, para ver sus ojos, sentir el palpitar de su corazón, dejar que El coloque saliva en nuestros ojos y así poder ver con ojos nuevos, que El nos restaure y nos diga: “vete y no vuelvas a pecar más”. Mas de 20 siglos de cristianismo nos han dejado una experiencia de cristiandad, pero no de discípulos, de amigos de Jesús. Nos llenamos de orgullo diciendo que pertenecemos a esta u otro iglesia, movimiento religioso, congregación, pero aún no hemos tenido un encuentro con el Señor, no hemos allanado, abajado, minimizado tanto ritualismo para sentarnos a solas con el Maestro y decirle: “habla Señor que tu siervo escucha”.

El texto evangélico de este domingo transversaliza todo nuestro accionar en el tiempo de adviento, de preparación al nacimiento del Señor, tiempo para bajarle el volumen, los decibeles a todo aquello que nos tiene aturdidos, embotados, ensimismados, distraídos, confundidos para hacer un pare y preguntarnos qué nos impide verdaderamente tener un verdadero encuentro con el Señor Jesucristo. ¡Allanemos el camino del Señor!

Feliz Domingo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Domingo para bajar del éxtasis a servir.

El Domingo de los Bienaventurados.

El Domingo en que encontramos una luz sin ocaso.