AUTORIDAD VS AUTORITARISMO
Este enseñar con autoridad es nuevo. Marcos (1,21-28)
De igual manera
el panorama mundial nos ofrece más personas contagiadas, vacunas que llegan a
los países desarrollados y experimentos en medicamentos que atenúan los
síntomas y la letalidad del virus.
Se percibe un
devenir pobre y lleno de angustia para nuestros pueblos en desarrollo. La falta
de toma de conciencia en un principio tan básico como la solidaridad nos está
demostrando que las instituciones han venido realizando sus tareas de acuerdo a
su misión, pero no han sido eficaces en la formación de personas que amen la
vida, la tierra y a sus hermanos.
Hace falta la
autoridad que viene de Dios y de su Santo Espíritu, autoridad que acompañó en
su ministerio al Señor Jesucristo.
Los enfermos, los
poseídos por espíritus malignos, endemoniados, pobres, mujeres amenazadas por
las leyes patriarcales del judaísmo son los predilectos de Jesús y en ellos se
percibe la autoridad que es peesencia del mismo Reinado de Dios.
Nos dice el
Evangelio de éste Domingo que el Señor enseñaba con hechos, con autoridad,
hasta los espíritus inmundos le obedecían.
El evangelista
San Marcos presenta una clara diferencia entre el accionar pedagógico de los
escribas y la del Señor Jesucristo, aunque ambos ejercían autoridad, había gran
diferencia.
El episodio de
éste domingo tiene lugar en la Sinagoga, espacio de enseñanza de la ley, los
escribas como dirigentes religiosos tenían la tarea de interpretarla y los
judíos asistían a escuchar y a llevar a su corazón las enseñanzas de sus
autoridades religiosas; el día en que se desenvuelve éste episodio es sábado,
día sagrado para los judíos, marcado por el descanso y la no actividad, incluso
no se podía ni siquiera hacer el bien a un enfermo o caminar más de una milla.
En éste contexto
el Señor Jesús aparece en el Evangelio de San Marcos quien hace referencia no
al contenido de su enseñanza sino en el modo, es decir enseña de manera
diferente a los Escribas, El lo hace con autoridad. San Marcos trae ésta
apreciación como el sentimiento que advierte entre las personas que se
encuentran allí en la Sinagoga: “no enseña como los Escribas sino que enseña
con autoridad”. Vale la pena detenernos en ésta apreciación de San Marcos
porque los Judíos piadosos que se encontraban en el lugar de inmediato sacan su
propia conclusión, pues hasta los espíritus inmundos le obedecen. Esta
percepción de la audiencia es el corazón del Evangelio de éste domingo que en
todos los templos católicos del mundo se ha proclamado y a nosotros Cristianos
que estamos haciendo discipulado nos ha de llevar a contemplar a un Señor que
no solo tiene palabras sino que son Palabras de vida, de liberación, de
transformación.
Ya en otras
ocasiones hemos descubierto cómo el encuentro con el Señor Jesucristo nos
transforma, nos libera y nos hace nuevos. Tal vez nos hace falta ése encuentro
personal con Cristo, pues si advertimos que en nuestra vida aun no ha pasado
nada extraordinario, al contrario seguimos asistiendo al culto talvez
dominical, pero no hemos percibido la autoridad de Jesús en sus Palabras, con
seguridad seguiremos engrosando una masa de cristianos que aun no logra ser
Pueblo de Dios, que su vida se mueve bajo dos binarios, el del culto y el de la
vida personal, como lo han venido advirtiendo los Obispos Latinoamericanos en
las Conferencias Episcopales, especialmente la de Aparecida, cuando nos
invitaron desde la opción por el Evangelio a ser discípulos y misioneros para
que nuestros pueblos tengan vida en Cristo.
La orfandad en
que se encuentran nuestros pueblos latinoamericanos reclama autoridad de las
Iglesias, de la nuestra especialmente que es mayoría y hace presencia con sus
parroquias en casi todos los rincones de nuestro continente. Parece ser que
nuestra enseñanza es académica, buscamos dar a conocer sólo contenidos
doctrinales pero el encuentro personal con Cristo en su autoridad no ha sido
facilitado.
Al igual que en
la época del Señor Jesús los líderes religiosos nos hemos vuelto expertos
conocedores de la Palabra, eruditos que trasmitimos conocimientos, pero
carecemos de la autoridad del Señor para transformar nuestras vidas,
especialmente las dependencias de las sustancias sicoactivas, de la corrupción
política, del micro y narcotráfico. La autoridad de la Iglesia es
institucional, tiene un poder temporal asemejándose a las instituciones humanas,
pero carece de la autoridad para expulsar demonios, sanar enfermos, aconsejar,
fortalecer y especialmente acompañar en el dolor consolando al triste y al
afligido. Las palabras no están acompañadas de acciones liberadoras.
La comparación
que establecen los judíos piadosos que se encontraban en la sinagoga tiene
mucha fuerza al descubrir que los escribas representan y son muy fieles a una
institución, que su interés es no dejar que la institución entre en declive,
por lo tanto, en muchas ocasiones los han visto y sentido enseñar no con la
autoridad del Señor Jesús, sino con el autoritarismo propio de quien defiende
su institución. La comparación que establece éstos piadosos judíos la podemos
interpretar como un autoritarismo vs la autoridad de quien es ungido, de quien
tiene el Espíritu de Dios. La autoridad que viene del Espíritu de Dios es
sanadora, liberadora, transforma y hace nuevas las personas. La autoridad de
las instituciones carece de la unción que logra sanar y restaurar a la persona.
En nuestro código civil colombiano encontramos cada vez más normas, leyes y
contravenciones que nos demuestran el grado de indisciplina social y falta de
respeto al bien ajeno, al prójimo y a su propia integridad. Ha venido haciendo
carrera la autoridad de lo fácil, el dinero hecho de la noche a la mañana, el
vivir de coimas, el abrazar el poder para enriquecerse, la ley del más fuerte,
la impunidad, lo ilegal y la mentira que desacredita y destruye en las redes
sociales la vida de justos e injustos. La autoridad que viene del Espíritu de
Dios no está presente en los padres de familia, en los maestros, en quienes
deberían administrar justicia, en los gobernantes y en quienes han recibido la
autoridad de las instituciones.
En el libro del
Deuteronomio hay una promesa: "Tienen razón; suscitaré un profeta de entre
sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le
mande. A quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré
cuentas. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo
no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta
morirá”.» (Dt 18, 15-20).
Ahora la tarea es
nuestra: buscar a quien enseñe con autoridad, al Señor Jesús, y a los
predicadores que nos faciliten ese encuentro con El.
Feliz Domingo.
Muchas gracias x compartir estas enseñansaz.Padre SadyQ nos dejo nuestro señor Jesucristo.
ResponderEliminarBendiciones padre.
Gracias Padre, excelente reflexión.
ResponderEliminarEs claro que la autoridad del Señor Jesús se hace presente en el momento en que aceptamos su llamado, en el que disponemos nuestro corazón al encuentro con él. Por estos días hablamos que el Señor no llama a los capacitados sino que capacita a los que llama, y es que para iniciar ese caminar no necesitamos saberlo todo (como imaginamos), por el contrario abandonarnos a la voluntad y la Palabra del Señor, aprender a ser dóciles, dejarnos enseñar, porque ahí cuando dejamos aún lado todo los tradicionalismos con que crecimos y le damos paso a la gracia y la sabiduría a través del Espíritu Santo, empezamos a entender, a aprender desde lo que el Señor quiere mostrarnos. Cuando nos dejamos instruir desde la Palabra formajos tanto autoridad como criterios, autoridad que debemos agradecer y poner al servicio de nuestros hermanos, el Señor nos da la autoridad de hablar, dirigir, actuar, sanar, liberar... en su nombre, y cuando lo hacemos en nombre de nuestro Señor su gracia y diestra poderosa se extienden sobre nosotros para guiar, bendecir y prosperar todo lo que hacemos.
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