DOMINGO 17 D ENERO
TENER FE NO ES TENER UNA OPINION DEL MAESTRO
“El les
dijo: “vengan y lo verán” Juan 1, 35.42
La crisis del cristianismo no radica en la persona de Cristo,
está en no haber querido estar con El y en El.
Tal vez la religiosidad del Pueblo, el mano a mano de la fe,
las costumbres y las falsas puertas para entrar al cristianismo nos está colocando
frente a una polarización de la fe, conduciéndonos así a grupos, movimientos,
apostolados que defienden, dan a conocer y promueven ciertos aspectos de la
vida de Cristo, pero no el Cristo del Evangelio, el histórico, aquel que se le
conoce personalmente, no porque la experiencia de otros.
Estas premisas son muy interesantes al inicio de un tiempo
litúrgico que la Iglesia llama ordinario, tiempo que nos conduce con la Palabra
de Dios a un encuentro personal con el Cristo del Evangelio. La pregunta
recurrente de toda persona que se acerca conscientemente a Jesús, es: ¿Tengo
fe? Y la respuesta no es igual para todos, pues hemos venido arrastrando modos,
maneras, lugares durante años de experiencias que llamamos fe, pero aun no
hemos escuchado el llamado del Señor. Algunos se acercan más a una experiencia
personal con Cristo, otros van en grupo con dinámicas socio religiosas con
celebraciones y ritos que se agotan cuando el libreto humano llega a su fin y
entonces se tornan cíclicos, algunos son cumplidores de los Sacramentos y lo
social de la celebración los entretiene, otros son conducidos por el amor y
devoción a la Madre del Salvador, identificándose mas como marianos que
cristianos, otros entran en la búsqueda de favores acercándose al Santo que
corresponda a la dolencia o necesidad puntual en la que se encuentre, otros
activistas del culto prestando un servicio a la institución o a un ministro de
la Iglesia y otros se hacen fans de un líder cristiano que le hable bonito y les
diga lo que quieren escuchar.
Esta realidad no es lejana a la vivencia religiosa de la
época del Señor Jesús, en aquel tiempo había sectas y fracciones de los Judíos
que tenían objetivos particulares, pero el común denominador era el mismo de
nuestros tiempos: la fe. Una fe que es el respaldo en el culto, en la vida, en
sus creencias y cosmovisiones.
Desde que la opinión pública irrumpió con los medios de comunicación
tradicional: la prensa escrita, la radio y por último la televisión, lo importante
es tener una opinión de algo o de alguien, se decía hasta hace muy poco que se
existía si estabas en Facebook, pues estos medios y redes sociales te permiten conocer
la opinión de otros y hacerte tu propia opinión, pero siempre será la
construcción de significados bajo el tamiz de muchas personas y más aún en la
era de la aldea global, el tamiz es más amplio porque hay culturas, religiones,
estilos de vida que van generando opinión cada segundo. Basta entrar a leer los
comentarios sobre cualquier noticia y encontraremos un mar de ideas que va
forjando una opinión que se hace pública. He ahí la respuesta cómo la nación
del Cura Brochero o de Jorge Mario Bergoglio haya votado en favor del aborto
como una ley pública.
Creer en Jesús no es tener una opinión del Maestro de Nazareth,
menos si la hemos recogido de otros. Piensa un momento en el predicador de tu
Parroquia o Congregación. Tal vez El tenga una experiencia si es profundo
espiritualmente, pero si es superficial tal vez recoja opiniones y las acomode de
acuerdo al momento o circunstancia que está viviendo, o en el mejor de los
casos es usado por la presencia del espíritu Santo y se convierta en un Elías
cuando esté en el púlpito y salga fuego de su boca. Pero es la opinión de El, y
tu la vas sumando a tu conciencia y cuando llegue el momento de dar a conocer
al Señor Jesucristo saldrá una amalgama de ideas que irán haciendo opinión
colectiva.
El Evangelio de éste Domingo es la clave para no tener una
simple opinión, es la oportunidad para hacer un pare en nuestra vida cristiana
y entrar en la vida de ése que hemos opinado durante mucho años.
No te ha pasado que has escuchado tantas cosas de alguien, a
lo mejor negativas, pero cuando conoces a esa persona de primera mano empiezas a
cambiar tu idea, lo conoces tal cual como es y ahí nace la experiencia del
encuentro.
Lo mismo sucede con el Señor Jesucristo, se acercan a El,
nos dice el Evangelio de este Domingo, unos discípulos de Juan, fascinados por
lo que ha dicho su maestro deciden seguirlo, al tener el primer encuentro con
el Señor, le preguntan, ¿dónde vives maestro? Y El les dice: Ven y lo veras. El
Evangelio Narra que ellos fueron a vivir con El.
Estos discípulos de Juan tuvieron un encuentro personal con
el Señor y por eso sus vidas fueron nuevas, su manera de pensar, decidir ya no
fue la misma.
El que se llame cristiano y no haya tenido un encuentro
personal con Cristo no podrá experimentar un cambio en su manera de vivir, al
contrario, estará polarizado, lo conducirá la carne y habrá en su vida una gran
lucha espiritual. Termina diciendo como San Pablo, dejo de hacer el bien que
quisiera hacer y termino haciendo que mal que no quisiera hacer.
Un paso muy importante para tener un encuentro personal con Cristo
es ir a los Evangelios, dejar que nuestro corazón poco a poco se vaya llenando
de sus actitudes, verlo a los ojos, oír su voz, hasta poder sentir su olor.
Para esto necesitamos vencer nuestra occidentalidad, es decir la mentalidad de
lo rápido, del fast food, donde todo lo queremos ya. Los orientales se entregan
al tiempo, son de meditación, contemplación durante horas por no decir que días
enteros. ¿Eres de los que buscan misas de veinte minutos? ¿Que no lees la
Biblia porque te da sueño? ¿Tienes que usar tu smatphone cada minuto porque ese
dispositivo te ha creado ansiedad?
Otro paso fundamental es escuchar la voz del Maestro en tu
interior y eso se alcanzará cuando tu silencies tu vida y reposes en El, cuando
tu decidas ir a vivir con El.
También te invito a hacer un buen retiro espiritual, ejercicio
que ayuda mucho cuando el predicador calla y viene el momento de estar a solas
con el Maestro. “habla Señor que tu Siervo escucha”. ¿Dónde hacerlo? En donde haya
menos dinámicas de entretenimiento, pues tu no vas a recrear tu cuerpo sino a liberar
tu Espíritu. Ojalá en donde haya mucha Palabra de Dios y no se contaminen con
la vida pecaminosa de los demás. Recuerda que si tienes pecados la Iglesia nos
da el sacramento de la reconciliación para que en secreto seamos absueltos.
Pero desde la experiencia te invito a escribir la tuya,
puede ser que el primer día sólo escribas una sola idea y luego vas a ver que
tendrás unas memorias muy interesantes para repensarlas y confrontarlas con el
Evangelio del Señor.
Ahora me preocupo más cuando preparo la homilía porque he
visto que algunos toman apuntes y se quedan luego junto al Santísimo a
confrontar con Biblia en mano, pues ya estamos haciendo caso al Maestro: “ven y
lo veras”
Feliz Domingo.
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