Reflexión del Evangelio. 28 de Febrero

La Montaña: el lugar del encuentro con el verdadero rostro de Dios.

“Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta.” Mc 9, 2-10

Seguimos recorriendo los pasos del Señor Jesús por el camino de Galilea, cada vez se hace más apasionante.

Hemos llegado al segundo Domingo de Cuaresma, éste tiempo de cuaresma es un tiempo de caminar hacia la Pascua. Vamos recorriendo paso a paso iluminados por la Palabra de Dios un sendero, un camino en donde vamos descubriendo nuestra fragilidad, pero también dónde vamos descubriendo la Gracia de Dios, ese Dios que quiere sacarnos del pecado para darnos una auténtica libertad.

¿Qué es la libertad la libertad? no es más que poder decidir, pero es una libertad llena de amor de Caridad.  

Bajo la presencia de Dios el pueblo de Israel caminó durante 40 años por el desierto, Dios escuchó el clamor del pueblo que estaba cautivo en Egipto y ese Dios le permitió caminar en libertad pero esa libertad fue una construcción durante 40 años, día a día, el pueblo tuvo que luchar contra la idolatría, tuvo que luchar también contra todos aquellos pecados venidos de las culturas y pueblos que iban encontrando a su paso; nuestra vida es una continua cuaresma, porque el Señor nos conduce en libertad pero en esa libertad necesitamos luchar para vencer, necesitamos vivir la experiencia del desierto, en el desierto encontramos alimañas pero a la vez encontramos a Los Ángeles que nos conducen, allí no nos abandona la mano del Señor, El está con nosotros.

En este domingo necesitamos primero a conocer la experiencia de Abraham, a Abraham lo conocemos como el padre de la fe, Abraham es llamado a un monte para que sacrifique a su hijo Isaac, a su único hijo al hijo de su ancianidad. En el libro del Génesis vemos cómo Abraham tiene que subir, tiene que recorrer un largo trecho, subir a la montaña que Yahvé le ha indicado, es la montaña del sacrificio, es la montaña donde Abraham conocerá el nuevo rostro de Dios. Abraham tiene una experiencia religiosa politeísta ,de muchos dioses especialmente de dioses de muerte, de dioses vengativos, él es procedente de Ur de caldea, él viene de un lugar donde la muerte ronda las personas donde fácilmente se asesina. Hasta el momento en que Abraham levantó el cuchillo para sacrificar a su hijo, su fe era de una aceptación a dioses que iban en contra de su más fuerte amor, de la vida, pero en el monte Moriah Abraham tiene un encuentro con un Dios de amor, de ternura y benevolencia, un Dios que ve su expiación y le promete que su descendencia será tan grande como las arenas del mar y las estrellas del firmamento. El ir al monte Moriah le permitió ver un rostro amoroso del único y verdadero Dios. Cuánto nos hace falta subir a la montaña, dejar atrás la comida rápida para empezar a masticar, a sentir, ver, gozarse del encuentro con Dios. Estamos rodeados de muchas palabras, de cánticos que no ayudan a subir al lugar alto de la espiritualidad, de tradiciones repetitivas que mantienen lo establecido, pero no nos permiten cerrar la puerta y hablar a solas con el Señor.

En éste Domingo también San Marcos nos presenta la montaña de la transfiguración, lugar en donde hay una epifanía, una manifestación; junto al Señor Jesucristo y sus discípulos Pedro, Juan y Santiago se encuentran dos grandes del Antiguo Testamento, el uno representa la ley: Moisés y el otro el grande profetismo de Galiea: Eliseo.

Hoy el Señor Jesús quiere mostrarles a sus discípulos más cercanos su verdadero rostro, hoy el Señor Jesús quiere que ellos se abandonen en el silencio de la oración. el Señor Jesús quiere que ellos conozcan el verdadero rostro de un Dios Padre que ha enviado a su Hijo, ese Padre que está allí en el Monte de la transfiguración, ese Padre que habla al corazón diciendo: “este es mi hijo muy amado escúchenlo”.

También nosotros tenemos la gran oportunidad de experimentar, de sentir, de escuchar esas mismas Palabras. Este es un domingo muy especial es un domingo para que subamos a la montaña, es un domingo para que coloquemos en la mano derecha la ley de Moisés y en la mano izquierda coloquemos la profecía representada por Elías. Este camino de cuaresma requiere esfuerzo requiere de subir, sentarnos, pensar, reflexionar, tomar decisiones.  ¿A quién seguimos? ¿en quién creemos? no basta simplemente con creer, los discípulos del señor creían, lo conocieron compartieron con él pero en quién creían? Es muy importante que abandonemos todo aquello que se ha convertido en una verdadera arandela de nuestra fe, es importante que nosotros busquemos únicamente al Señor Jesús a ese quien nos indica el Padre Celestial, a ese que nos conduce esa voz que escuchamos en el Monte de la transfiguración: “éste es mi hijo muy amado escúchenlo” en hebreo “escuchar” significa obedecer, obedecer al Señor Jesús antes que, a los hombres, obedecer al Señor Jesús antes que a las instituciones. En el Monte de la transfiguración se toman grandes decisiones, en el Monte de la transfiguración se abandona la ley por la ley, en el Monte de la transfiguración descubrimos la importancia de los profetas, de sus profecías, del oráculo del señor. Creer para nosotros los cristianos es vivir una relación consciente y cada vez más comprometida con Jesucristo; consciente significa colocar los pies sobre la tierra y tener la mirada en el cielo, de ésta manera sólo podremos escuchar su voz en medio de la vida, en medio de la tradición cristiana y de la iglesia. Estamos invitados a vivir una comunión creciente con Jesús y cuando hablamos de comunión significa tener una íntima Unión con Cristo con Jesús con ese Jesús que va transfigurando nuestra identidad, que va cambiando nuestros criterios que va curando nuestra manera de ver la vida, que nos va liberando de la esclavitud y que va haciendo crecer nuestra responsabilidad evangélica. El cristianismo Ahora más que nunca necesita de una gran responsabilidad, es una responsabilidad con el Evangelio.

Necesitamos ir a la montaña reconocer como Pedro: ¡qué bien se está aquí!, qué bien se está aquí cuando oramos, cuando sabemos comunicarnos con el padre, cuando tenemos una relación fluida con El, cuando tenemos una relación de escucha; qué bien se está aquí, qué bien estamos en la presencia del Señor, que alegría cuando estamos en la presencia del Señor, esa presencia que nos contagia de su dinamismo de su Espíritu que nos contagia de su profecía que nos contagia de su responsabilidad evangélica.

Jesús bajó de la montaña para afrontar la Pascua para afrontar su pasión muerte y resurrección, dejemos que el Señor Jesús nos lleve por ese nuevo caminar, dejemos que el Señor Jesús nos lleve a evangelizar a llevar la Buena Nueva, que nos invite a cargar también con la cruz de nuestros hermanos, pues no tenemos que aceptar la cruz como un camino para la gloria, pues no llegamos a la vida a través de la muerte, en la muerte está la vida.

En ese domingo al igual que Abraham que Pedro Juan y Santiago encontraremos un rostro diferente al que nos han enseñado, al que nos han mostrado. Jesús se transfigura, es decir nos coloca frente a su verdadera esencia, encontraremos su verdadero rostro.  Tomémonos un tiempo y hagamos silencio para descubrir el verdadero rostro del Señor Jesús, no aquel que durante años nos han venido mostrando y nos han venido enseñando. Vale la pena, es importante, nos lo merecemos, pues estamos en el Camino de Galilea.

¡Feliz domingo de la transfiguración, escuchemos al Hijo amado del Padre!

 

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