REFLEXION DOMINGO 7 DE FEBRERO

 LA IMPORTANCIA DE ORAR EN EL SILENCIO DE NUESTRA VIDA.

Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Marcos 1,29-39

En un mundo tan agitado conviene aprender a hacer silencio, a estar a solas con Dios, rodearnos de los ruidos de la naturaleza, sentir el trinar de las aves, de las chicharras, del sonido del agua en los afluentes de agua; ver el verde, las aves volar, los animales que son felices en medio de la naturaleza.

En éstos tiempos de pandemia muchas están regresando al campo, algunos porque quieren resguardarse del coronavirus, otros porque desean tener momentos de silencio, austeridad, diálogo con el Creador y sus creaturas, otros de manera equivocada se están yendo al campo, migrando con las mismas costumbres que vemos en las convulsionadas ciudades.

Ha sido para mí una gran sorpresa que ya en las veredas cercanas al área metropolitana ha migrado el microtráfico y que esos jóvenes que me enorgullecían por su amor al agro, que con sencillez esperaban el fin de semana para ir a jugar en la cancha veredal o a participar de la Eucaristía cuando los visita su párroco o congregarse en torno a su Pastor, ahora con estupor es fácil verlos consumiendo alucinógenos, sustancias sicoactivas y destruyendo su cuerpo, su mente y su espíritu. El trinar de las aves se ha visto amenazado por la pólvora, la música estridente que invita a la muerte, al desenfreno, al alcohol, al sexo y a las drogas. Los arroyos los encontramos contaminados por el mal uso de pesticidas, minería no ecológica y prácticamente sin agua porque se han desforestado las montañas para dar paso a construcciones poco amigables con el medio ambiente.

¿Cómo hablar de silencio, de meditación, de oración si el lugar propicio para escuchar la voz de Dios está contaminado? En nuestra vida religiosa estamos asistiendo a muchas palabras, música, acciones que no nos están permitiendo el tiempo para estar a solas con Dios. Hace poco antes de la celebración Eucarística me detuve a apreciar a las personas cómo hablan entre sí, chatean, se inquietan y les cuesta acercarse al Sagrario, tomar su Biblia, leer, meditar, estar a solas con el Señor. Esperamos que alguien u otros nos dirijan la espiritualidad, pero aún no logramos pasar tiempo a solas con Dios. Dice Martín Valverde: Hablar de Dios, pero no hablar con El, es como no haber venido. Esta es la razón por la cual el silencio, la meditación, la lectura de la Biblia, de las biografías de los grandes santos de la Iglesia no están en nuestra tradición espiritual. Necesitamos volver al fundamento de nuestra fe, pues el Cristianismo nace de un Señor Jesucristo que pasaba noches enteras en el silencio de la oración, culminaba sus atareados días de misión en el silencio con su Padre, invitaba continuamente a sus discípulos, y en el huerto de los olivos les reclamó: “ni siquiera han sido capaces de orar una hora conmigo?

En el Evangelio de éste Domingo es muy gratificante encontrar un recuento de San Marcos acerca de las jornadas extenuantes del Señor Jesucristo: sanación de enfermos, expulsión de demonios, predicaciones, desplazamientos a otros lugares, encuentro son sus hermanos en la Sinagoga y al final de que todos los que se agolpaban a su puerta eran atendidos se sumergía en la oración, en el silencio, en el diálogo con su Padre del Cielo.

En el Señor Jesucristo no hay lugar para la vanidad, para la vanagloria, para terminar una semana bien cansado como muchos de nosotros que la finalizamos rodeados de muchas botellas de licor y acompañados por diálogos grotescos, sin sentido y bajo la música estridente que nos envenena el alma con sus mensajes subliminales de odio, venganza, muerte y destrucción. ¡A esto, algunos, le llaman descanso!

Los Evangelistas hacen precisión en el cuidado que el Señor tenía en su relación con su Padre, nos dice que El solía retirarse a orar, a estar a solas con Dios. Hay una dinámica constante: encuentro con la multitud que culmina en diálogo a solas o con sus discípulos en oración, pasaba la noche en el silencio de la oración.

San Marcos subraya que la multitud lo buscaba, los discípulos le ayudaban en su tarea, pero El sabía escabullirse para ir al descampado, nos dice San Marcos: a intimar con su Padre. La necesidad de estar en profundo Diálogo con el Padre atenúa el peligro a ser famoso, a caer en el populismo y a escuchar qué quiere su Padre en su misión de hacer presente el Reino de Dios.

No se instala, al contrario, a pesar de que allí tiene muchos seguidores su tarea es ir allí en donde hay sed de Dios, en donde no ha despuntado el Reino. Cafarnaúm no es el lugar para que se quede disfrutando del éxito, es necesario que vaya a otras aldeas y lugares a dar a conocer el Reino de su Padre.

Este Cristianismo que estamos viviendo está ausente de momentos de oración, de silencio, de tener comunicación personal con Dios, sin embargo se constata que hay personas que han venido descubriendo el valor de estar a solas con Dios. Seguramente éstas últimas se han dejado mover por la efusión del Espíritu Santo, han conocido un Buen Predicador que les ha servido de puente, de facilitador para romper con el ritualismo, el sacramentalismo vacío y el activismo servil que no nos permite intimar con el padre de Nuestro Señor Jesucristo. “Ora et labora”, es un latinazo muy conocido entre los religiosos contemplativos que en algún retiro, predicación hemos escuchado. Orar y actuar es fundamental; rezar y esperar mágicamente sin tener ningún compromiso con el Reino de Dios es lo que nos ha hecho dependientes y supersticiosos.

¿Cómo aprender a orar? A orar se aprende orando, de igual manera que se aprende a nadar. En los primeros intentos talvez no duremos mucho tiempo flotando, pero se hace necesario que lo hagamos con frecuencia para que podamos nadar como pez en el agua. ¿Se ora bonito o feo? He escuchado de algún hermano esa expresión: es que yo voy a un grupo de oración en donde el líder “ora bonito”. Pues la oración es un diálogo y en muchas ocasiones salen bonitas palabras, ¿pero si la oración es de reclamo? El Señor Jesucristo en algún momento le reclamó al Padre, pero fue tan fuerte el diálogo con su Abbá (Padre) que en ese momento sudó gotas de Sangre. La auténtica oración es cuando dejamos hablar a Dios. Ese Dios Trinidad. Por lo tanto, hay que dejar que El nos hable, dejar silencio para que el coloque Palabras en nuestro corazón; en muchas ocasiones El habla a través de la lectura Bíblica, o en una buena predicación, y con seguridad en una meditación profunda y sincera. Nos han acostumbrado a leer rezos, fórmulas, que tienen buenas intenciones y algunas con aprobación eclesiástica, pero a eso hay que añadirle el silencio en el descampado para oír la voz del Señor. Hacer un buen retiro espiritual no es ir ha tener demasiadas dinámicas, predicaciones, testimonios, que nos alineen con una camiseta sino a tener un encuentro personal con Cristo.

Los invito a continuar esta lectura con un video que encuentran en Youtube: Mensajes P. San José

Feliz Domingo.

SADY ESPINEL ALDANA, PBRO

 

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