REFLEXION QUINTO DOMINGO DE CUARESMA

 Muriendo conscientemente daremos paso a una nueva vida.

“Les aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto”. (Juan 12, 20-33)

La realización del ser humano ha sido la meta más valiosa en las diferentes culturas. Para los griegos el concepto de realización humana estaba ligada a la felicidad. Hablar de felicidad en términos griegos es lo mismo que hablar de Eudaimonía. Este término viene de dos palabras griegas: eu, que significa “bueno” y daimon, que significa “espíritu”. Para los filósofos griegos, especialmente para Aristóteles, la felicidad no se adquiere por adquirir o por la tenencia de cosas sino más bien por un fin en sí mismo del ser humano.

La Eudaimonía recae en el fin de cada cosa, por ejemplo, el fin del cuchillo es cortar de manera efectiva las cosas, el fin del ojo será ver de manera nítida las cosas.

La felicidad según el concepto griego se diluyó con las grandes invasiones del Imperio romano que promovió la opulencia y se empoderó con el advenimiento de la sociedad capitalista.

La búsqueda de la felicidad, según los griegos, ya no es el fin del ser humano. Pues pocos se preguntan cómo desempeñarse efectivamente en su misión y no se realizan por ser humanos en medio de la naturaleza, sino en el deseo de ser, tener y el placer.

Es necesario en este Domingo tener una mirada hacia el mundo griego, cuna de la filosofía antigua que ha inspirado a grandes pensadores para saber con quién es que el Señor Jesucristo tiene un diálogo y el porqué de su respuesta tan sorprendente para quienes buscan en lo religioso categorías humanas como lo bello, lo hermoso y lo fácil.

Nos dice San Juan el Evangelista que se acercaron unos griegos que habían venido a celebrar la fiesta y le pidieron a Felipe de Betsaida de Galilea, que querían ver a Jesús.

Felipe se lo hace saber a Andrés y Andrés al Maestro. El Maestro frente a ese “queremos ver al Maestro” responde con su misión y realización como Hijo de Dios: “ha llegado la hora de que el Hijo el Hombre sea Glorificado, les aseguro que, si el grano de trigo no cae en tierra y no muere, queda infecundo; pero si muere da mucho fruto”

La respuesta de Jesús es la expresión de su convicción, no hay dos tintas, o se da la vida en rescate por los demás o la vida se convierte en una caña que el aire mueve a su antojo en el desierto.

Vivir sin un objetivo altruista no tiene significado cristiano. Vivir esperando que todo le convenga no es de un Cristiano que recorre los paso del Señor Jesucristo por el camino de Galilea. La realización del Cristiano es la misma de nuestro Maestro: morir como el grano de trigo para poder dar paso a una nueva vida.

Tal vez una de las grandes dificultades del ser humano es no experimentar la experiencia placentera de la realización, el tiempo se nos convierte en un verdadero kamikaze, nos va matando poco a poco, pero no nos permite dar vida, o dejar huella en la sociedad. Cuando se muere sin realización el grano no da fruto.

Con este lenguaje tan gráfico con el cual responde a las expectativas de los griegos que vienen a buscarlo, va dejando claro entre sus discípulos cómo será la celebración de la pascua, y de qué manera será su propia Pascua. Las palabras del Maestro son una profecía próxima y a la vez un proyecto remoto para todo aquel que desee ver, seguir o hacerse uno de sus discípulos.

Cada vez el Camino de Galilea se hace más exigente y por la proximidad a la Pascua el dar la vida por los demás es la manera más consecuente para todo cristiano. El grano de trigo ha de morir para dar paso a una nueva vida. El cristiano y discípulo del Señor Jesucristo se va configurando cada vez en abandono de sus propios intereses para asumir los de Reino de Dios y a su bienestar para que otros puedan vivir la experiencia con Jesús el Hijo de Dios.

Este tiempo de pandemia visto como un Kairós o tiempo de gracia nos ha de llevar a adentrarnos en nosotros mismos para preguntarnos si nuestra vida tiene en verdad una misión, un ofrecimiento, un estar alegres porque hemos alcanzado nuestra propia finalidad. Preguntarnos para qué estamos hechos, para qué hemos decidido ser cristianos y el cómo estamos alcanzando la realización conforme al Evangelio del grano de trigo que cae y muere para dar vida.

El hedonismo es el paradigma del siglo anterior y con el cual estamos asistiendo en este momento histórico, pero el momento coyuntural de la Covid 19 nos está obligando a permanecer frente a un nuevo horizonte y replantearnos a nivel personal y social nuevos paradigmas de vida que ya desde el momento en que el Hijo del hombre colocó su tienda entre nosotros abrió una gran esperanza para la fraternidad y la solidaridad.

Frente a esta coyuntura sanitaria podría haber dos posturas: la resignación o la esperanza. Resignarnos pasivamente y permanecer esperando que el tiempo transcurra incluso esperando la muerte por un posible contagio que desequilibre nuestras defensas y nos lleven a un deceso paulatino como el que han experimentado muchos de nuestros parientes, amigos y conocidos y la otra postura de entrega por el otro, sacrificando espacios de socialización y momentos agradables para compartir con amigos, compañeros de trabajo para morir como el grano de trigo a toda banalidad y dando paso a una vida más consciente y generosa.

Llegado el tiempo que en el calendario hemos llamada Semana Santa valdría la pena quedarnos en casa haciendo una lectura de nuestra naturaleza humana desde el misterio de la fragilidad y su fortaleza o participar de todo acto religioso que edifique y nos ponga en camino para construir un mundo mejor bajo la presencia del Reinado de Dios. Pareciera que el grano de trigo ha de seguir muriendo, pero para esto hay que ser conscientes: la muerte del inconsciente trae tristeza, la del que está consciente en su ofrenda traerá vida nueva. Hay tantos actos religiosos inconscientes que se han venido multiplicando en semana santa y en todo el calendario que no han edificado ni a la persona del cristiano ni a su colectivo el cristianismo; pues, con seguridad, dejar de participar de ellos no le suma ni le resta a la propuesta del Señor Jesucristo de morir constantemente para dar paso a una mejor vida.

Esta Semana Santa, ha de llevarnos a morir a los actos inconscientes para vivir de una manera más consciente en la construcción del Reino de Dios. Rescatemos cualquier encuentro de comunidad, fraternidad y construcción del Reino de Dios.

Feliz Domingo.

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