EL SEÑOR HA RESUCITADO ¡ALELUYA!
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto» Juan 20, 1-9

Oh Dios, concédenos la luz, hoy que la felicidad está amenazada, hoy que la pandemia nos acorrala y humilla, hoy que la esperanza se ve comprometida, concédenos la luz a todos nosotros que estamos luchando y siguiéndote en el paso de la muerte a la vida y del pecado a la Gracia,

Señor Resucitado, concédenos la Luz; que proclamemos que la noche ha pasado, que el llanto ha cesado que el virus se ha debilitado.

Dadnos la Luz y permítenos experimentar que el gozo no es un sueño, que la historia ha dado un gran giro.

Dadnos la Luz para calentar al que está cerca o lejos de nosotros en el frío; concédenos la luz que recoge el murmullo y los gritos de nuestras plegarias, Luz que nos entroniza a un nuevo día, a una nueva época y de las nuevas realidades, de un cielo nuevo y una tierra nueva.

Este Domingo de Resurrección es para mirar el nuevo cielo y la nueva tierra, en las flores, en las ramas nuevas de los árboles, en el agua que se oxigena, en los niños que nacen, en los enfermos que se levantan, en los enemigos que se dan la mano, en los que se hacen humildes, aunque estén revestidos de poder. Es el Domingo para ver y experimentar que la piedra en donde estaba refugiada la muerte está corrida.

Hemos recorrido tres días de experiencia cercana al Señor de Nazareth que ha dejado huella en las personas que salían a verlo y escucharlo en el camino de Galilea. Hoy lo vemos en las cosas nuevas, en el paso, en la pascua. Si no tenemos y experimentamos como cristianos una mirada, un corazón y un camino nuevo en nuestra fe y en nuestro compromiso cristiano es porque la semana anterior fue como todas las demás, aun peor: el Hijo de Dios quiso llevarnos a una experiencia nueva y nosotros nos aferramos a lo antiguo, a la tradición, a los planes humanos como un niño que se aferra a la madre sabiendo que ha llegado el momento de su madurez. Hombres niños y cristianos infantiles.


Al celebrar el domingo más grande para nosotros los Cristianos oramos:

Una Pascua con tanto silencio entre las palabras,

una pascua aferrada a la vida,

con toda la fuerza que tenemos para no perdernos,

una Pascua para encontrar aquello que no muere

aquello que es eterno,

una Pascua para encontrar una humanidad fraterna,

es el deseo que todos nosotros tenemos,

una resurrección sin cadenas ni estructuras,

resucitar a un planeta limpio y casa para todos,

resucitar con Jesús en la esperanza de ser testigos

de un día nuevo, en nuestra propia experiencia.

Gracias Señor porque no se murieron las esperanzas

de los pobres, leprosos y menesterosos del Camino de Galilea,

con tu resurrección nos has llevado a nueva vida.

Felices los que han visto que la piedra de la fosa de la muerte

está corrido dejando traspasar la luz de una nueva vida. AMEN

La noche ha pasado, la muerte ha sido vencida, la luz ha brillado y nosotros hombres de la pandemia nos confiamos a ver el día nuevo para ser renovados, la muerte, el dolor, la angustia ha sido vencida, aunque los hacedores del dolor sigan creando caos. Al igual que en las guerras mundiales anteriores, de ésta los creyentes aprenderemos a no confiar en las potencias humanas, a leer con mirada de hijos de Dios, con el corazón de Noé en el arca que ve cómo el agua consume el planeta, pero a su vez le narra a su familia el paso de Dios por la humanidad, el paso del que crea y recrea, el que purifica y levanta.

Pascua es paso, es ir de un estado de muerte a un estado de vida. Estamos celebrando la pascua, el paso, y aunque los creyentes han sido diezmados por virulentos mensajes de contagio y los mas débiles siguieron en lo vacío y superfluo, un grupo de cristianos, aunque pequeño sigue siendo fermento del Reino y de profecía en medio del peor virus de la humanidad: la indiferencia.

Hemos asistido a la segunda jornada de oración y contemplación llamada semana santa en medio de restricciones, miedos, desesperanzas y a su vez de desafíos por parte de aquellos que viven en el sin sentido de la existencia.

Les deseo que puedan ver el mundo con los ojos de Dios, de su Hijo resucitado, del Dios que no nos abandona. Ese Dios que es también testimoniado por los vectores de los nuevos caminos de Galilea: las redes sociales.

Al igual que en la época de Jesús por éstos caminos hay tránsito de toda clase de mercancías e innumerables transeúntes, unos con el afán de vender, de comprar, de empoderarse y Jesús en medio de ése nuevo camino sigue siendo presentado por los profetas de la vida, de la resurrección, del Reino de Dios con la pasión necesaria para dejar huella en los consumidores de los contenidos de las nuevas tecnologías.

Pascua es llevar flores, aromas, especias de buen olor a aquel que ha vencido la muerte, i r a ver a aquél que ya no está en la tumba fría, a aquel que librará esta guerra invisible, en la que no se han disparado cañones, pero han muerto silenciosamente los débiles, los que esperaban envejecer con sus hijos y nietos.

Pascua es creer y experimentar desde ya el triunfo, la vida nueva, el gozo y la paz.

Feliz Pascua. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Domingo para bajar del éxtasis a servir.

El Domingo de los Bienaventurados.

El Domingo en que encontramos una luz sin ocaso.