DOMINGO DE LA SANTISIMA TRINIDAD.

¿Qué frutos podrá dar un creyente si sólo posee una información de otros, pero aún no tiene un verdadero conocimiento de Dios?

“Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”. Mt 28,16-20

En medio del caos al cual asistimos en el último mes hemos llegado los creyentes al Domingo de la perfección, al Domingo de Dios Uno y Trino, al Domingo de la grandeza, al Domingo de un Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Que oportuno salirnos de fórmulas académicas, del viejo catecismo para empezar a experimentar el misterio de la Trinidad en nuestras vidas.

Vivimos en el siglo de la sociedad del conocimiento, afirmaron los sociólogos; el conocimiento nos daría un mejor vivir, quien obtuviera en conocimiento podría tener un mejor desarrollo y progreso. Este concepto fue acuñado por primera vez, después de las innumerables reflexiones sobre las tecnologías de la información y el conocimiento (Tics) por el Profesor Peter Drucker quien desde las Tics planteó el desarrollo y la prosperidad de las naciones desde el acceso fácil a la educación y la transferencia de información, convirtiéndose éste en un gran capital.

Dentro de las ventajas de una sociedad del conocimiento encontramos que se reduce el analfabetismo, hay mayor igualdad en las oportunidades, un desarrollo sustentable y ético, un mayor respeto por las reservas naturales y el medio ambiente, se da paso a la innovación y se reduce la corrupción proveniente del monopolio político y económico.

Hay gran diferencia entre obtener información y obtener conocimiento. La información nos actualiza, pero el conocimiento despierta habilidades que llevan a la innovación.

¿Pero qué tiene que ver la tesis del Profesor en economía Peter Drucker con el misterio de la Trinidad?

Mucho; pues a nivel espiritual el conocimiento es muy importante, no tanto la información para poder tener habilidades cristianas, aquello que solemos llamar desde la Teología: “virtudes”.

Si nos detenemos a ver y analizar los hombres y mujeres virtuosas que la Iglesia Católica Romana ha llamado santos, llegamos a la conclusión que no son más que personas con un gran conocimiento de Dios y eso se desbordó en virtudes.

Hemos recibido información de Dios, alguna pasada por el tamiz de otros que no conocen a Dios pero se atreven a enseñar a hablar de El. El mismo Evangelio hace relación al tema y cuestiona: ¿cómo puede un ciego guiar a otro ciego? Hay mucha información de Dios, especialmente en la actualidad. Las redes sociales están inundadas de opiniones que se hacen virales, pero que no corresponden al conocimiento del verdadero Dios, son solo opiniones.

¿Qué frutos podrá dar un creyente si sólo posee una información de otros, pero aún no tiene un verdadero conocimiento de Dios?

En este domingo seguramente escucharemos lindas homilías, predicaciones, catequesis sobre Dios uno y Trino, ¿pero ¿cuál de esos predicadores invitará a tener un conocimiento personal con ese Dios? Se necesita un encuentro personal con El, al estilo de Pablo de Tarso, que fue tumbado del caballo de su poder y prepotencia, o al estilo de Francisco de Asís que, que en la pobreza, en la fragilidad, en el hermano lobo y en la hermana luna encontró la magnificencia de Dios.

Hay mucha información y poco conocimiento del Dios uno y Trino. Podría utilizar todas las cuartillas de este periódico para escribir un tratado de Dios, pero sería ahondar en una falta tan necesaria del conocimiento del verdadero Dios uno y Trino.

Todo el caos, la violencia, muerte, incertidumbre, falta de respeto por la autoridad civil, corrupción de nuestros gobernantes, dilatación de los diálogos en ambos sentidos, gobierno y negociadores, la polarización política,  el pretender calmar con el circo del Football, con la Copa América el hambre de igualdad de las juventudes, los programas improvisados del Gobierno en favor del agro para distraer la atención de la verdadera crisis no es más que el reflejo de un Dios en nuestros actos que nos deja muy mal parados a quienes hemos tenido la tarea dispendiosa de dar a conocer el verdadero Dios.

¿Qué Dios fue el que presentamos en día de nuestro bautismo? ¿Cuál es el Dios con el cual bendicen los padres a los hijos antes de salir de casa? ¿Cuál es el Dios que invocamos al inicio de una liturgia o paraliturgia Romana? ¿Por qué algunos hermanos cristianos no católicos dicen que el signo de la cruz trinitaria es signo de muerte? ¿Por qué los mentalistas, esotéricos y demás personas que viven de la superstición usan el nombre de Dios? ¿Por qué un Presbítero Episcopal, Álvaro Javier Prada, le dijo al SMAD frente a la UIS, en una de las manifestaciones, cuando un grupo de personas estaban retenidas en las instalaciones del alma mater, que a algunos policías les quedaba grande el nombre de su lema: Dios y Patria?

Pues ésta es la realidad: hemos escuchado hablar de Dios, pero no le conocemos, no hemos tenido un encuentro personal con El. No hemos ido a la principal fuente para conocerlo: la Biblia, tampoco hemos hecho de la meditación una vía para el encuentro con Dios. Nos hemos ensordecido con muchos rezos, nos hemos distraído con muchas actividades religiosas. Pero no hemos crecido en el conocimiento de Dios y por lo tanto estamos lejos de vivir las bienaventuranzas: ser personas constructoras de paz, de justicia, de apertura a la diversidad y especialmente: FRATERNOS.

Reconocemos al conocer a Dios que la Trinidad infiere a Dios una gran dinámica, Dios camina, se mueve, escucha, tiene ideas nuevas. Dios es capaz de amar, quiere hacer casa con nosotros, me siento en su casa cuando acepto la diversidad, cuando se perdonar y permito a todos que crezcan.

Toda la realidad tiene una dimensión trinitaria, la vida tiene una parte horizontal, vertical, interior; el hombre la mujer tienen tres dimensiones: el cuerpo, la mente, el alma; el pasado, el presente el futuro. Se requiere conocer el amor de Dios para alcanzar la armonía de las tres partes. Ese amor viene del conocimiento de Dios. Dios está vivo y nos dice: “estaré con ustedes todos los días”, aunque dudemos, aunque lo traicionemos, aunque reneguemos; estará siempre a nuestro lado sin condiciones, porque El no sabe sino amar y perdonar.

¿Recuerdas que algún día escuchaste, leíste o te dijeron que eras imagen y semejanza e Dios? Entonces empecemos a vivir como Dios en el amor, la misericordia y el perdón, porque fuimos bautizados, es decir sumergidos en el Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Feliz Domingo de la Santísima Trinidad.

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