DOMINGO DE LA ASCENCION
COMO CRISTIANOS NOS HEMOS
APARTADO DE LA TAREA.
“Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas
partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los
acompañaban”. Mc 16.15-20
En el día de la Ascensión, Jesús parte al cielo y deja en nuestras manos la responsabilidad de crear fraternidad y no división, de hablar, como dice el Evangelio de este domingo: lenguas nuevas, de crear lugares que sean casa, con el respiro nuevo del Espíritu, con las manos abiertas, con el corazón ardiente, con una voluntad que atraviesa todo viento contrario.
Después de tanto
predicar, caminar por la Galilea, orar y formar a sus discípulos ha dejado en
nosotros la gran responsabilidad de continuar y seguir haciendo presente el
Reino de Dios.
Así como sale a flor de piel la concepción humanista de
todos los que nos vemos involucrados en ésta realidad que ha llegado a su
estallido, pero cocinada durante los años posteriores al frente nacional que
permitió apaciguar la violencia bipartidista, de igual manera estamos
asistiendo a un salir a flote de la vida del que ha sido bautizado, de aquel
que ha participado de sacramentos en cualquier parroquia Católica Romana,
Anglicana u Ortodoxa, o partícipes de algún culto cristiano de cualquiera de
las denominaciones que puedan existir a lo largo y ancho de nuestra patria.
Como Pastores de cualquier Iglesia cristiana necesitamos
hacer una gran consideración: ¿porqué estamos actuando así los cristianos?
Seguramente la respuesta es rápida y contundente: durante
décadas hemos sacramentalizado pero no evangelizado, hemos hecho culto pero no hemos
vivido aquello que celebramos, se han multiplicado las devociones pero se ha
disminuido en fraternidad.
La Iglesia institución sigue acompañando procesos de diálogo
a nivel nacional, a través de su vocero, el Prelado Héctor Fabio Henao. Hay una
invitación a concertar y no a negociar, hay en sus palabras una doctrina clara y
lúcida en lo social que es el fruto de un Magisterio iniciado por el Papa León
XIII y puntualizado en lo ecológico por el Papa Francisco. Tiene mucho que
ofrecer la iglesia en estos espacios de diálogo, en estas mesas de negociación,
pero el cristiano de a pie sigue desprovisto de esta enseñanza de lo social, de
la moral económica, ecológica y política.
Vemos con tristeza que el actuar de nosotros los cristianos del
común y de algunos pastores sigue matizado por lo milagroso, la devoción y la
celebración social de los sacramentos para enmarcarlos en un ambiente festivo y
alejados del compromiso evangélico.
A final de la década del 70 en Puebla, México, los Obispos Latinoamericanos
hicieron una lectura del ser y que hacer de los cristianos en América Latina y encontraron
que, por la abundancia de una religiosidad popular rica en muchas expresiones,
se caminaba en dos binarios, no había congruencia entre la fe y la vida.
Eran los años en que
los hermanos Boff, Leonardo y Clodovif, junto con otros teólogos llevaban como
bandera la Teología de la Liberación que tenía como asidero eclesial las
Comunidades Eclesiales de Base. Allí se hacia una relectura de la realidad de
opresión y dependencia de nuestros pueblos desde la Biblia. Se buscaba un nuevo
Moisés, o líderes cristianos que derrocaran a los residuos de los regímenes militares
que aún permanecían en algunos lugares de nuestro continente, que representaban
los nuevos farones.
Esta visión acentuaba la conclusión de los Obispos Latinoamericanos:
“no hay congruencia entre fe y vida”. Se cree en el Dios de la vida, del
perdón, de la misericordia, pero los actos son totalmente contrarios…continuamos,
lamentablemente en esa dinámica social.
En el Evangelio de este Domingo, conocido como el de la Ascensión,
Jesús parte a la Casa del Padre después de haber sembrado, después de haber esparcido
una semilla de misericordia, de amor, de paz en la construcción de un Reino de
fraternidad. Nuestra tarea como cristianos es la de acoger esa semilla en
nuestra vida, sin que el viento del tiempo se la lleve, sino de hacerla
presente, hacerla actual y eficaz. La tarea que nos ha dejado el Señor Jesús al
partir al Cielo es la de ser hombres y mujeres libres de todo odio, rencor,
violencia para mirarnos como hermanos.
Charles de Foucauld tiene una pequeña plegaria que podría
ser nuestra oración en estos días: “Señor, dónanos esta Esperanza que no teme
el peligro, ni el dolor, ni la muerte, que sabe caminar en la vida con calma,
paz y gozo profundo”.
Las Iglesias Cristianas y esto lo reafirmo continuamente porque
no escribo sólo para católicos sino para todo cristiano que quiera acoger la
palabra de Dios, la tarea es la misma: ir a todo el mundo y llevar el Evangelio,
la Buena Noticia.
Volver en serio, no como una acción programática de
cualquier plan pastoral salido de un escritorio, sino acoger en espíritu y en
verdad la Palabra de Dios y su tarea que nos deja el Señor al partir es lo que dará
sentido a nuestra vida cristiana: “Después de hablarles, el Señor Jesús subió
al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el
Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las
señales que los acompañaban” Mc 16, 20.
Feliz Domingo.
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