LOS ACONTECIMIENTOS VIVIDOS DURANTE ESTOS DIAS HABLAN POR SI SOLOS
“Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en
él, ése da fruto abundante” San Juan 15, 1-8
A ésta altura de la pandemia nos estamos acostumbrando a los
números tan elevados de decesos al día? Pareciera que estamos perdiendo el
sentido de la vida y por ende el mismo instinto humano de conservación.
Qué nos dirá el Evangelio de éste Domingo?
Muchos se lamentan de no poder participar en vivo de la
Eucaristía y un puñado muy mínimo ve éste domingo como la gran oportunidad para
silenciarnos y apartarnos de nuestras actividades para escuchar al Señor que
nos habla a través de su Palabra.
A veces se extraña el entrar a como dé lugar a un recinto de
culto para ubicarse en cualquier rincón de brazos cruzados a esperar que pase
lo sagrado para seguir con la misma vida de siempre, pues la costumbre de cumplir
con un precepto nos mueve, nos conduce pero el Evangelio diario y dominical
sigue siendo lejano para los que están presente de cuerpo pero su espíritu
reposa en los afanes de lo cuotidiano.
Los invito para que extrañemos el comulgar, el recibir el
Cuerpo de Cristo como hermanos en comunidad, la escucha y la lectura de la
Palabra con el tiempo suficiente para preguntarnos qué me está diciendo hoy a mí,
personalmente el Señor.
Estos confinamientos nos han de llevar a preguntarnos si en
verdad estamos unidos al Señor. Porque cuando estamos unidos a Él, la vida
tiene otro sentido totalmente diferente a vivir por vivir.
El Evangelio de éste domingo es la expresión
del verdadero cristianismo. El Señor Jesús usa una comparación tomando un
elemento muy propio de su cultura: el cultivo de la uva, o la vid como la
presenta la traducción del Evangelio. El Señor dice: “Yo soy la Verdadera vid y
mi Padre el Labrador”. Nosotros, entonces somos los sarmientos o las ramas.
Durante éstos últimos días hemos tenido que asistir a tan
desafiantes actos callejeros y en las redes sociales contra la autoridad, el
orden, las buenas costumbres y especialmente contra la paz que inmediatamente
surgen cuestionamientos hacia el sistema educativo, la institución familiar,
las iglesias, el sistema judicial, económico y político de nuestro país.
Cuando estamos unidos al Señor Jesucristo que es la
verdadera vid, daremos uvas jugosas, pero si nuestros frutos son cardos y
espinas a qué o a quién estamos unidos?
Estar unidos a Cristo, la verdadera vid no es sentir orgullo
porque para los católicos éste es el país del Sagrado Corazón o para los cristianos
es el país de un gran avivamiento en el Espíritu. La razón de ser del
Cristiano, sea de la congregación que sea es la de dar buenos frutos.
Cuando en la pantalla de los portales de noticias vemos a
esos chicos empuñando piedras y lanzando improperios contra sus hermanos
policías o los vemos destruyendo el patrimonio público o privado me parece aun
estar posando en el altar con esos que hace un quinquenio estaban muy bien
vestidos celebrando su primera comunión y ahora forman hordas de violentos e
inconformes de su propia inconformidad.
Hay una consecuencia Bíblica del Evangelio de éste domingo:
si no estamos unidos al Señor Jesucristo, al Rey de Reyes y Señor de Señores no
podremos dar buenos frutos.
Nuevamente quiero invitar a los lectores, a los asiduos del
periódico el Frente y a los feligreses del Camino de Galilea y la Parroquia de
San José a aprovechar éste Domingo para leer y releer el Evangelio que nos
propone hoy la Iglesia para preguntarnos si nosotros que pretendemos llamarnos
cristianos estamos unidos como sarmientos a la verdadera vid, o a qué o a quién
estamos unidos?
Tal vez estemos unidos a un rito, a un culto, a una
costumbre, a una tradición, a un Presbítero, a un Pastor, a un grupo
apostólico, o a un movimiento, pero como ramas o sarmientos no estamos unidos a
la verdadera vid, a Cristo y entonces tenemos que declarar como solía decir el
Cardenal Castrillón Hoyos siendo el pastor de ésta grey de Bucaramanga: no
corre el adn de Cristo por nuestra sangre.
Se hace necesario que el pueblo cristiano empiece a dar
buenos frutos. No podemos seguir en cultos vacíos, en largos rezos, con
atuendos muy hermosos para que en las plazas fuesen admirados por las gentes como
los fariseos que tanto cuestionó el Señor Jesucristo.
La fecundidad cristiana se la hemos dejado a los que nos
precedieron en el signo de la fe y no estamos siendo fecundos. Ser fecundos es
la consecuencia de permanecer en El, y permanecer en El significa ser fieles,
ser resistentes a toda insinuación del mal y tener la paciencia del Reino de
Dios para ver los frutos de quienes se van adhiriendo al Señor.
El Señor Jesús nos dice: “sin mí no podrán hacer nada”. La fecundidad
viene de haber puesto nuestra absoluta confianza en El, en estar unidos a El, a
su cuerpo místico que es la comunidad de creyentes, la Iglesia y por tal razón
a la Palabra que nos limpia.
Feliz Domingo.
Se hace necesario la presencia de un Dios vivo en nuestros corazones, la tarea es grande como discipulado de Jesús para predicar desde su evangelio, y de este modo dejar tanto el sosiego, que nos está eliminando entre hermanos , por un corazón oscuro y sin deseos de transformar, desde ahí se hace necesario la creación de grupos fuertes dónde mostremos ese Dios vivo a través de la iglesia viva y con Orientadores Espirituales que fortalezcan las semillas que llegan a su iglesia, para los Jóvenes la invitación que hace El Papá Francisco es a qué balcones su vida, pero con experiencias de vida que agraden a Jesús, porque son ellos quienes seguirán al mando para gobernar las naciones y terminando pregunto: Que llevan en su corazón??? Feliz domingo hermanos y mis oraciones por la humanidad entera dónde suenen los trinos de las aves y no las bombas de destrucción masivas.Dios nos ama.
ResponderEliminarHoy por hoy la humanidad es sarmientos de todo el inmediatismo que ofrece el mundo, de banalidades, de modas, de políticas, de tecnologías, somos capaces de estar unidos a cualquier cosa que genere gusto, placer o distracción, pero se nos olvidó unirnos al único y verdadero vid, al único que puede darnos vida, que puede alimentar y sostener nuestra vida, al único que tiene el poder de dirigir y gobernar nuestra vida, Cristo, como decía en su evangelio pasado al único buen pastor que se preocupa por nosotros. Pero nos hemos preocupado por dar frutos en cualquier parte, pero no en nuestra propia vida, no hemos querido abonar nuestra vid para ser buenos sarmientos, esos quedan los mejores frutos, los que agradan al Señor, pero es debido a que aún no somos conscientes de quien es la vid, no conocemos a Cristo, no lo vemos en el prójimo, no lo amamos en el hermano. No nos hemos podido unir a él, porque no hemos sentido el gozo, el placer de estar en su presencia, entramos muchas veces al templo pero no entramos en la gracia del Señor, y mucho menos queremos Permanecer en él, porque nos cuesta, nos exije, nos confronta diariamente.
ResponderEliminarPidamos al Señor que como la vid, nos siga nutriendo para permanecer en él, nos siga limpiando para que podamos dar frutos en nombre de él y que nos siga podando para que sean frutos agradables a él.