SEXTO DOMINGO DE PASCUA

 LA FILIGRANA DEL AMOR ES LA TERNURA.

“Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado” Juan 15, 9-17

El amor está cerca a todos nosotros, aunque algunos no lo perciban. Es el motor de los actos más sublimes y por el cual recobran sentido actos heroicos para dar sentido a la existencia de la humanidad.

La falta de amor nos está llevando a una destrucción, a convertirnos en lobos entre los propios hermanos.

El valor es un valor que en la pirámide axiológica de la humanidad ocupa un lugar alto y por el cual se deben sopesar actos para no caer en triunfalismos erróneos como el fundamento de Maquiavelo: “el fin justifica los medios”.

Podrá haber fines justos y buenos, pero si los medios para alcanzarlos no pasan por el cedazo del amor, se puede llegar a herir profundamente el corazón humano.

Muchos medios que se han venido utilizando para alcanzar medios buenos y justos nos han llevado a la desconfianza, a la desolación y no en michos casos a desconfiar hasta del propio, verdadero y legítimo amor.

El amor es un impulso, sin impulso no hay amor, es así para las parejas que no saben qué decirse, es así para los religiosos que no saben a quien seguir, es así para quien se ha apagado y no sintió el amor cerca, el impulso es lo mismo que vive el místico en su soledad, la pareja en su intimidad, el árbol que da flores, las flores que se convierten en fruto. El amor no es un fruto de espontáneas tendencias o simplemente de acciones aisladas, sino de fidelidad a la persona, al proceso, al encuentro, a la causa, y a la promesa que se ha de cumplir, es decir, al estilo del Señor Jesús: “no hay amor mas grande que dar la vida por sus amigos”.

La ternura es la filigrana del amor, es el mas delicado aspecto del amor, es el sentimiento de Dios, no hay nada mas preciso y nada más fácil de profanar que la misma ternura. La ternura es el tesoro de los creyentes y de los amantes. El amor tiene el poder de transformarnos, de redimirnos.

Siente los brazos y el corazón de quien amas, mira sus ojos y toca sus manos, descubre el camino recorrido y lo que falta aun por recorrer; la ternura parte de un sueño de amor y cada día se hace relación espiritual y se profundiza en los actos más sublimes. La pareja desde las cosas simples no deja apagar el amor en la ternura y el creyente alcanza el nivel de la contemplación de su amado Jesús en la Palabra, en el Sagrario, en la alabanza y cada día demanda más tiempo para estar con su ser amado. Se empiezan a extrañar los momentos de ternura y se busca estar cada vez mas cerca de la persona que le hace brotar una sonrisa, una mirada y un detalle de fina cortesía o porque no de coquetería.

Nos hemos vuelto tan esquemáticos y ritualistas que la filigrana del amor, la ternura, se ha visto profanada por el afán de vivir a como de lugar y a cualquier precio relaciones mediadas por lo material, el qué dirán y el conservacionismo. Retornara a la ternura del amor de las parejas, en la relación con Dios y en la contemplación de la naturaleza es en verdad el inicio del dar la vida por el ser amado.

Las heridas más difíciles de curar son las afectivas, aquellas que tienen como consecuencia de la falta de amor, de ternura de contemplación. Talvez tantas distracciones que nos ofrece el mundo actual nos colocan frente a muchas posibilidades y a la deriva, en la periferia del verdadero y gratuito amor.

Muchas enfermedades físicas no son más que la proyección de la falta de amor, de ternura, de contemplación, de tomarse tempo en medio de los afanes de la vida para ver brotar la flor y luego el fruto, posteriormente la semilla y apreciar el valor de la vida que no es más que la presencia del amor de Dios que se nos sigue dando con la ternura de cualquier amanecer y en el llanto del niño inocente que nace.

Los analgésicos, los antiestamínicos, los barbitúricos, el alcohol, las drogas y el sexo que se compra vienen siendo los paliativos para quienes se cerraron a sanar su vida afectiva, a volver a su infancia y permitir que entrara la luz de la fe y del amor a todos sus acontecimientos oscuros de su existencia cuando hasta ahora se estaba formando la voluntad en sus vidas.

En pandemia viví uno de los viacrucis más significativos de sanación interior propiciado por el Papa Francisco. Tal vez uno de los ritos que no me pierdo es la transmisión del Santo Viacrucis desde Roma, pero el del año anterior me conmovió tanto al  ver en la pantalla el rostro de personas que habían sido abusados, especialmente una persona que narró cómo se oscureció su vida al ser mancillada su inocencia por una persona consagrada a Dios, un hombre enfermo afectivamente, mutilado en su sexualidad y en su afectividad que terminó por dañar tanto la vida del inocente como su propia vida; al igual que ese clérigo que habiendo sido acusado en perjurio por estupro violento había sido absuelto por un tribunal humano, éste clérigo estaba cargando con la cruz de la calumnia y de la ley de una institución que nació del amor de la cruz en donde el Señor derramó su Gracia pero quienes hemos continuado su proyección del Reino nos olvidamos de la filigrana del amor: la ternura.

 Permanecer en el amor de Jesús no es algo teórico ni vacío de compromiso ni contenido. Es guardar, vivir, observar su único mandamiento: “ámense los unos a los otros como yo los he amado”. Los cristianos a lo largo del tiempo hemos venido estableciendo muchas normas, mandamientos, pero se nos ha olvidado el fundamental, el más importante y el Señor lo recalca y lo afirma: “éste es mi único mandamiento: ámense…”, pues El estaba experimentando en su pueblo los innumerables mandamientos y normas de los Judíos que requerían de intérpretes y que cada vez más esclavizaban a las personas.

El cristianismo no se puede entender sin el mandamiento de Jesús: el amor, hasta tal punto que nos sintamos amigos según la expresión evangélica de este domingo.

Seguir a Jesús es abandonarnos en su amor y buscar extender ese amor en todo lo que hacemos. Roguemos al Señor que nos amó hasta el extremo que entendamos los colombianos que la búsqueda de un día nuevo se debe hacer sin violencia y como partícipes de cualquier culto cristiano empezar a tejer la filigrana del amor: la ternura. Por lo tanto, bienvenidas todas las marchas en contra de la corrupción en Colombia en donde haya expresiones culturales, artísticas: abrázatenos, tamboras, canticos de paz y compasión para quienes tienen la responsabilidad de preservar el orden y el derecho.

Feliz Domingo.

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