EL DOMINGO DEL CORPUS.

EL DOMINGO DEL CORPUS, DEL CUERPO Y LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO.

“Tomad, esto es mi cuerpo…” Marcos 14,12-16.22-26

Hay hambre; las personas gritan desesperadas por el alimento, pero aun no hemos reconocido la importancia de la gratuidad al tener el alimento frente a nuestras vidas.

Hace un poco de tiempo un amigo que con su familia realizó sus vacaciones en un crucero, me contó con estupor cómo literalmente botaban la comida que algunos dejaban en sus platos y otra que ni siquiera era tocada por los comensales. No era cualquier comida, era comida que aquí sólo podemos degustar en un restaurante muy costoso. Al el lo llenó de indignación el que en nuestras tierras se pasara tanta hambre, mientras en Europa se botara la comida.

Que importante es que la pandemia nos enseñe a valorar la comida que alimenta y restaura las fuerzas, para que no sea lo que entra al hombre lo que lo destruya. Enfermedades como la diabetes y otras son producidas por el exceso de calorías que ingerimos, pero que no necesitamos y al final nos llevan a finales tan tristes como la ceguera o el tener que amputar un miembro. Han muerto personas que eran ricas en calorías acumuladas por el exceso y no saber hacer caso a aquello que repetimos como loros en la oración del Padre Nuestro: “danos Señor, el pan de cada día”

Hay una gran desigualdad a pesar de que hay comida en abundancia. El poder adquisitivo de la comida se hace aún más difícil para los pobres que viven en países en vía de desarrollo como el nuestro o de otros continentes como algunos países africanos empobrecidos porque tienen que comer de las migajas que caen de la mesa de los multimillonarios.

Qué hermoso saber que tenemos un Dios que es para todos, es un Pan partido en miles de millones de pedazos para que lo podamos comer, es el pan para los indignos, no solo para las “personas de bien”, es para los que se sienten cansados, oprimidos, defraudados y con hambre de un día nuevo: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa”. El Señor que es comida, que es alimento, que es un pedazo de pan partido en miles de millones de pedazos entra a la casa de quienes ni siquiera se sienten dignos como en el caso de Zaqueo, hombre bajo en estatura, pero grande en la práctica de la usura y destrucción del futuro de los pobres que necesitaban de su “gota a gota” para sobrevivir.

Ese Pan es para todos, no hay exclusión, pero cuando sentimos a ese Dios que se hace comida El entra en nosotros, se hace proteína en nuestra sangre y si somos conscientes de la grandeza que hay en nuestro cuerpo: “común-unión”, tendrá que surtir efecto como sucedió en la vida de Zaqueo: devolvió a los pobres lo que les había quitado con sus altos intereses de prestamista y sus prácticas de usura.

Dios, en la segunda persona de la Santísima Trinidad siempre está ahí en la Eucaristía, en ese poco de Pan, pero somos nosotros los que no estamos presente, razón por la cual no podemos salir a vivir en justicia y caridad al estilo de Zaqueo.

Muchos hemos comulgado durante años, pero no hemos recibido al Señor Jesucristo que dice: “coman, esto es mi Cuerpo”. Talvez seguiremos viendo con estupor como mi amigo, que veía con indignación como botaban esos manjares del crucero en donde el y su familia pasaban agradables momentos de vacaciones.

Talvez no sabemos a quien recibimos en la Eucaristía, y todo esto empezó el día en que nos llevaron al Templo para la fiesta de la primera comunión, en donde todo fue muy importante: el vestido, las fotos, la decoración, la procesión, el ayuno, la lechona que habíamos contratado, el trago para los invitados, pero en realidad nuestros padres “salieron de eso” porque es una costumbre y nunca más volvimos al templo. Se cumplió con la tradición así hayamos quedado muy endeudados para cumplir con el espectáculo, pero lo más importante que era hacer común-unión con Jesucristo, la segunda persona de la Santísima Trinidad, pasó de agache, porque antes de que dijéramos amén ya estaba el grito del fotógrafo ensordeciéndonos que nos decía: “mire el pajarito”.

En medio de todo este materialismo hace falta el Pan que da la vida eterna. Hay mucho para adquirir y disfrutar, pero el verdadero Pan, el que alimenta para la vida eterna es desconocido, minimizado, mal presentado y mal acogido y comido.

Cada vez que hacemos la Comunión y la tenemos en nuestra boca debemos recordar que estamos vivos y que si no lo recibimos conscientemente estaremos con hambre a lo largo de nuestra vida cerca de la muerte espiritual.

La Eucaristía es para todos los que reconocen en el Señor el alimento de vida eterna, para quienes son conscientes que no están comiendo un pedazo de pan, sino al mimo Señor Jesucristo en su Cuerpo, alma y divinidad.

Para el hombre espiritual no basta sólo con la el alimento de la Palabra de Dios, hace falta comer a ese Señor que dice: “coman éste es mi cuerpo…hagan esto en conmemoración mía”

Tal vez alrededor de la Mesa Eucarística hay tantas viandas que nos distraen el apetito al Dios que se hace comida. Me parece ver a tantas personas que quieren que pase rápido del rito de la comunión porque llevan litros de agua, matas de sábila y otras tantas cosas para que les bendigan. Es como ingerir comida de paquete, desconociendo que el plato fuerte es el que alimenta: Su Cuerpo, su Alma, su Divinidad.

Dios Padre, quiso enviarnos a su Hijo para liberarnos de todo aquello que nos oprime incluso el pecado, por tal razón lo ofreció en la cruz, así como es ofrecido en cada Eucaristía, partido en miles de millones de pedazos para que le podamos comer y hacer Comunión.

El Señor Jesucristo siempre estará ahí en la Eucaristía, no hay duda de eso, ahora nos falta a ti y a mí, ser conscientes de la grandeza que vamos recibir para poder hacer una verdadera Común-unión y así al estilo de Zaqueo salir a vivir la experiencia de la justicia y la caridad:” Y Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudado a alguno, se lo restituiré cuadruplicado” (Lucas 19,8)

Feliz Domingo de la Comun-Union.

Comentarios

  1. Me parece sumamente importante que cada vez nos acerquemos más a Dios nuestro Señor. Aceptando a Cristo Jesús hecho Pan y Vino. Hoy por a través del sacramento de la Eucaristía, alimento de vida y salvación.

    Cordial saludo en Cristo Jesús para todos.

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