«Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.» Marcos 5, 21-43

Este Domingo está cargado de gran esperanza porque la Palabra de Dios en su Evangelio de vida nos presenta a un Dios que levanta a su Pueblo, que sana, libera y no se hace el sordo frente al clamor de los más necesitados.

Vale la pena rescatar cómo desde la fe muchas personas se han fortalecido, han encontrado alivio en el Evangelio y la Pandemia, aunque ésta ha alejado a muchos de los templos a otros los ha llevado a una intimidad más profunda con Jesucristo y han logrado encontrarse con ése Señor que nos dice: “levántate”.

En el capítulo cinco de San Marcos, según los estudiosos de las Sagradas Escrituras, el Evangelista presenta la dramática situación de Israel bajo la figura de dos mujeres. La mujer en la Biblia siempre es imagen del pueblo, así pues, bajo ésta premisa exegética encontramos a Israel que está sometido a la ley y muere, representada en la niña hija de Jairo el Jefe de la Sinagoga, y de igual manera está el Israel sometido por la ley pero que está muriendo.

Estos dos episodios que encontramos en el capítulo cinco, tienen como elemento común el número doce: la mujer que sufría flujos de sangre hacía doce años y la niña, a la que el Señor le dice: “niña, contigo hablo, levántate”, tenía doce años, recalca el Evangelista. El número doce hace referencia al pueblo de Israel en sus doce tribus. Por lo tanto, éstas dos mujeres que Bíblicamente no tienen nombre representan o al Pueblo de Dios, al Pueblo de Israel, o a cada persona que se encuentra en la misma situación.

Al mirar nuestra triste realidad y advirtiendo la lectura del Pueblo de Dios de la Palabra de Dios, podemos advertir que las personas se encuentran representadas por estas dos mujeres.

Me ha llamado mucho la atención que las personas que han venido el pasado viernes al templo de mi parroquia para leer el Evangelio de éste domingo pedían más tiempo para compartir todo lo que el Señor ha venido haciendo en sus vidas, pues cada persona que con Biblia en mano, después de pedir la presencia del Espíritu Santo, encuentra la realidad de su pueblo, de su familia, de su propia vida representada en las dos mujeres del Evangelio. Hay un reconocimiento en la lectura de la palabra de Dios de un Dios que no nos abandona, que a pesar del sufrimiento El está ahí acompañando, fortaleciendo, levantando de los lechos de enfermos a muchas familias. De igual manera se advierte que esa fe milagrera, fanática no nos ha llevado sino ha desbandadas. Se valora el encuentro comunitario para orar juntos, para colocar en oración común las alegrías, tristezas y vivencias de los hermanos. Me alegra mucho como Pastor, que hayamos podido llegar a éste nivel de encuentro con la Palabra porque me motiva a escribir aquello que veo y experimento al abrir con fe la Palabra de Dios.

No es fácil pasar a la otra orilla de la fe para dejar que el Señor nos hable, para tocar disimuladamente al Señor Jesucristo en medio de la multitud. Es un riesgo que hay que correr porque podemos ser víctimas de las mismas burlas que se leen en el Evangelio de todos aquellos que estaban en la casa de Jairo cuando el Señor entra y encuentra que la niña estaba muerta. La mayor burla es aferrarnos a que está muerta nuestra esperanza, cuando el Señor nos grita: “no está muerta, está dormida”.

Nuestro pueblo se ha adormecido en la fe. El no haber entrado por la Puerta del Rebaño nos ha dejado en condiciones de ansiedad, cansancio y fatalismo. Considerarnos cristianos sin conocer a Cristo ha sido el más grave error. Volver a Cristo es tocar su manto como lo hizo aquella mujer que conscientemente sabía que cultural y religiosamente no podía tocar a un Maestro por su condición de impureza; una mujer que esté menstruando o con flujos de sangre se le es prohibido hablar o entrar en diálogo con un hombre, menos con un profeta o maestro como estaba considerado el Señor Jesucristo. Ella llevaba doce años no sólo enferma físicamente, sino aislada de las personas, de los varones y de esa sociedad machista.

En esta mujer encontramos la capacidad de escuchar con atención quién es Jesús, qué está haciendo por su pueblo y de qué manera se están cumpliendo las promesas. Este es el primer paso para poder ir a tocar al Señor.

Cuando esta mujer se acerca a tocar al Maestro en su corazón ya hay una seguridad grande de la Gracia que El significa e imprime, por lo tanto, la ley cae por su propio peso. Es más grande la Gracia que la ley. Si esta mujer se hubiese dejado guiar por la ley que le impedía acercarse por su condición al Maestro, no se hubiese sanado, pero a ella no la movió la ley sino la Gracia.

Hago un paréntesis para pensar en tantas personas que han sido alcanzadas sólo por la ley de las iglesias y están lejos de tocar al Señor. Cuánto les hace falta que alguien les dé testimonio del amor de Dios para que como la mujer del Evangelio le conozcan y se dispongan a ir a tocarlo. Creo que son muchos los que entran a los templos con unos grilletes amarrados a sus pies y aún no han encontrado quién se los ayude a quitar para quedar libres de cualquier esclavitud, especialmente de la esclavitud de la ley.

La mayor crueldad de cualquier institución es decirle a una persona: “tu eres impuro por el pecado”. La mujer del Evangelio, la de los flujos de sangre sufrió esta crueldad, no encontró en la institución religiosa el espacio para levantarse porque quien quita el pecado es Dios y entonces la institución no le permite dirigirse a Dios. Dramática situación que representa a todo un pueblo esclavizado por la ley. Es Jesucristo que vino precisamente a liberarnos de ésa y otras esclavitudes.

Así como esta mujer fue movida a tocar a Jesús por lo que ha escuchado del Señor, pues ella escuchó que había purificado leprosos por el camino de Galilea, también nosotros debemos movernos por lo que el Señor ha hecho no sólo en los episodios de los Evangelios sino en los testimonios de tantos hermanos que han experimentado sanaciones, liberaciones y especialmente la alegría de vivir bajo su Gracia.

Vale la pena seguir leyendo, escuchando y gozándonos de las maravillas que hace el Señor Jesucristo para aceptarlo como nuestro Dios y Señor.

Feliz Domingo.

Comentarios

  1. Señor creo espero y confio en ti aumenta mi fe .
    Te necesito padre Dios no m deseches escucha mis suplicas. AMEN AMEN Y AMEN.

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