LA PEDAGOGÍA Y LA CADENCIA DE DIOS VS LA INMEDIATEZ DEL HOMBRE.
¿Con qué
compararemos el Reino de Dios? Marcos 4, 26-34
Durante estos días he escuchado el lamento de familias,
personas, cristianos que se preguntan por la respuesta que Dios le está dando a
esta Pandemia y a la situación social, económica y política de nuestra patria.
No es fácil entender
la presencia de Dios en toda esta realidad cuando nuestro pueblo se ha vuelto inmediatista,
cuando hemos recurrido ante cualquier dificultad a acciones milagreras y nos
hemos olvidado de hacer presente el Reino e Dios mediante el proceso y la pedagogía
de Dios.
Algunos amenazan con abandonar la fe, las iglesias, al no ver
resultados inmediatos en sus oraciones y prácticas religiosas, y es muy lógica esta
actitud porque hemos dejado de lado el Evangelio, el Reino de Dios, su
presencia y hemos esperado que el Señor haga su Obra de manera individual y sin
el concurso de sus Hijos. Nos hemos olvidado de la historia de la Salvación,
del caminar del pueblo de Dios por el desierto, de la experiencia de comunidad
de los apóstoles, de la renuncia obligatoria de la idolatría y como dice el profeta
Oseas, de seguir quemando ofrendas a dioses extranjeros.
Nos hace falta caminar en proceso, para así ir percibiendo
el crecimiento; el fin lo hemos convertido en medio y eso es fatal para una
comunidad de creyentes. Aún seguimos celebrando sacramentos como un fin sin
entender ni reconocer la Gracia que hay tras de ellos, menos su base Escriturística,
es muy preocupante que el culto cristiano no es de hermanos, sino de anónimos,
no es una acción de gracias, de alabanza al Rey de Reyes y Señor de Señores,
sino que sigue siendo la exaltación de personas humanas. Al Rey no le estamos
permitiendo reinar y no conocemos su Reinar entre nosotros, así lo pidamos como
loros en la plegaria modelo del Cristiano: “el Padre Nuesrtro”.
En este Domingo el Señor Jesucristo en San Marcos Capítulo
4, 26-34 responde a una pregunta que El mismo se hace: “con qué compararemos el
Reino de Dios?”.
Cuando nos impacientamos por el lento progreso del reino de
Dios, la sabiduría de Teilhard de Chardin SJ, puede ayudar. Está en
concordancia con el Evangelio de hoy: “Sobre todo, confía en el lento trabajo
de Dios. Nosotros estamos naturalmente impacientes para que todo llegue a su
fin sin demora. Queremos saltarnos las etapas intermedias. Si estamos en el
camino de algo desconocido, de algo nuevo, nos volvemos impacientes. Sin
embargo, la ley de todo progreso indica que éste deberá pasar por algunas
etapas de inestabilidad, y que ello puede tomar un largo tiempo.”
El Reino de Dios requiere nuestra colaboración, pero es,
sobre todo, iniciativa y don del Señor. Nuestra débil obra, aparentemente
pequeña frente a la complejidad de los problemas del mundo, si se la sitúa en
la obra de Dios no tiene miedo de las dificultades. La victoria del Señor es
segura: su amor hará brotar y hará crecer cada semilla de bien presente en la
tierra. (Papa Francisco)
Esto nos abre a la confianza y a la esperanza, a pesar de
los dramas, las injusticias y los sufrimientos que encontramos. La semilla del
bien y de la paz germina y se desarrolla, porque el amor misericordioso de Dios
hace que madure. (Papa Francisco)
No tenemos en nuestras manos las soluciones para los
problemas del mundo. Pero frente a los problemas del mundo, tenemos nuestras
manos. Cuando el Dios de la historia venga, nos mirará las manos. Tenemos que
comprometer nuestras manos en la siembra. Que a su llegada el Señor nos
encuentre sembrando.
Sembrar, sembrar y sembrar. Sembrar cada día el Reino.
Sembrar los valores del Reino. Aunque no seamos noticia a nosotros nos toca
sembrar y seguir apostando por el bien. Aunque nadie lo vea, seguir apostando
por el Evangelio. Eso es ser grano de mostaza. Esa es la “grandeza” a la que
nos invita el Señor con las parábolas del Reino.
No se trata tanto de hacer cosas grandes, sino que se trata
de hacer “pequeños gestos, con gran amor”. La Madre Teresa decía:
“a veces sentimos que lo que hacemos es tan sólo una gota en
el mar. Pero el mar no sería el mismo, sería menos, si le faltara esa gota”.
Feliz Domingo de la grandeza de las cosas pequeñas.
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