AQUELLO QUE HACE VERDADERAMENTE IMPURO AL HOMBRE.



¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores? San Marcos 7, 1.23

Siempre que Jesús comunica la vida surgen inmediatamente los enemigos que no son otros que las autoridades religiosas. Esto es lo que nos escribe el evangelista Marcos en el capítulo séptimo de su evangelio. Escribe: "Los fariseos y algunos de los escribas se reunieron a su alrededor". "Reunirse”, el evangelista usó el verbo "synago", de ahí el término sinagoga, para que la gente entienda que lo que sigue es el resultado de la enseñanza hecha en la sinagoga. Se juntan a su alrededor "los" Fariseos, el artículo definido indica "todos", la palabra o sustantivo "Fariseos" significa "separados"; nos encontramos delante a unos laicos que observan todos los 613 preceptos extrapolados de la ley de Moisés y por esta razón se “separaban” del resto de la gente, y "algunos de los escribas", es decir, los teólogos oficiales, que incluso vinieron nada menos que de Jerusalén, la ciudad importante.

De estos elementos interpretativos vamos descubriendo la fuerza de éste capítulo séptimo de San Marcos y el diálogo que en sí es bastante grave para quienes ostentaban cuidar la ley y hacerla cumplir. Talvez si nosotros vivimos bajo la ley vamos a seguir acusando y acorralando al mismo Hijo de Dios.

¿Y cuál será la gravedad del hecho? "Habiendo visto que algunos de sus discípulos comieron alimentos inmundos”, es decir, con manos sucias, sin haberse realizado el lavabo correspondiente a los rituales de la observancia judía.

No es una cuestión higiénica, sino ritual, religiosa: todo un tratado del Talmud prevé cómo lavar las manos, la cantidad de agua, la modalidad, etc. y la acusación que hacen contra Jesús es:"¿Por qué tus discípulos no se comportan según la tradición de los antiguos?". Para los judíos Moisés en el Sinaí había recibido la ley en forma escrita, los primeros cinco libros de la Biblia, y en la forma oral, comentada, que luego terminó en el Talmud, es decir, en la enseñanza, esta es la tradición de los antiguos, "pero ¿toman los discípulos la comida con manos impuras?".

La respuesta de Jesús Inicialmente parece un cumplido, un halago para los fariseos. Jesús responde: "Bien profetizó Isaías de ustedes", suena como un halago, un cumplido, y luego lanza sobre ellos una especie de ducha fría cuando les dice: "Hipócritas".

El término "hipócrita", en ese momento no tenía la connotación moral que luego asumió, pero indicaba al actor de teatro, la máscara del actor de teatro. Entonces deberíamos traducir "actores, comediantes son ustedes en sus actuaciones, toda su ficción religiosa es solo un teatro”. La acusación que lanza el Señor Jesús es tomada del profeta Isaías, “este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí”, el corazón en la cultura judía es la mente, “en vano me adoran enseñando doctrinas que son preceptos de hombres”.

Entonces no viene de Dios, se han hecho pasar por autoridad divina y es solo una doctrina humana, y si bien la acusación que le han hecho al Señor Jesús es de no observar la tradición de antiguo, para Jesús son sólo preceptos de hombres. Buen tema para nuestra reflexión este Domingo. ¿Hasta qué punto abrazamos la ley humana y descuidamos la Gracia que viene de lo alto?

Jesús luego continúa con su respuesta: "Descuidando el mandamiento de Dios", el mandamiento de Dios es la del amor a sí mismo y al prójimo, "observas la tradición de los hombres". Ellos entendieron que las tradiciones humanas procedían de Dios por su poder, para dominar, para imponer así la religiosidad a los hombres.

Por lo tanto, hoy conviene leer el texto sin cortarlo como lo ha hecho la tradición litúrgica porque vamos a encontrar elementos tan importantes como la tradición de la ofrenda y la verdadera ofrenda que agrada a Dios. A Dios no se le puede honrar deshonrando a los hombres.

En todo el texto de este Domingo al leerlo completamente, sin fraccionarlo como nos lo presenta la tradición litúrgica queda muy claro que los fariseos tienen un gran deseo de fortalecer la institución religiosa así sea manipulando la verdad de Dios. Elemento que el Señor Jesús va a debatir y lo hará desde la misma Escritura que ellos desean manejar a su acomodo.

San Marcos nos dice que Jesús continúa…"Llamando de nuevo, la multitud les dijo", y aquí hay dos verbos en imperativo, "escuchen y comprendan: no hay nada fuera del hombre que al entrar en él pueda hacerlo impuro”. Lo que dice Jesús es muy serio, ¿por qué? Allí está el libro de Levítico que tiene un capítulo, el undécimo, dedicado íntegramente a esos alimentos, esos animales que no se pueden comer porque son impuros y hacen al hombre impuro, así que Jesús está pasando de la ley oral a la ley escrita.

Pero al final de este pasaje el Señor nos da y a su vez a la multitud, incluidos los fariseos una gran enseñanza: ¿qué hace impuro al hombre? … dijo entonces: "No entienden que todo lo que entra al hombre desde afuera no puede hacerlo impuro? Porque la comida no entra en su corazón, sino en su vientre y va a la alcantarilla”. ¿Qué lo hace a uno impuro? Para Jesús no hay ningún alimento impuro. Son alimentos.

Al hombre no lo hace impuro un alimento; no lo que come, sino lo que sale del hombre. Aquí Jesús enumera doce actitudes, ninguna de las cuales se relaciona con el culto, la religión, doce actitudes que hacen al hombre impuro, es decir, impiden o entorpecen la comunión con Dios, y son: prostitución, robo, asesinato, adulterio, codicia, maldad, engaño, libertinaje, envidia, calumnia, orgullo y lo último es necedad; la necedad es atesorar para uno mismo en lugar de compartir con otros.

Y al final la afirmación de Jesús: "Todas estas cosas malas salen de dentro y hacen al hombre impuro ". Por tanto, para Jesús la distinción entre puro e impuro no procede de Dios, la impureza surge de una mala relación con otros hombres.

FELIZ SEMANA

Sady Daniel. Pbro.

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