“¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!”
BIENAVENTURADA VIRGEN MARIA QUE ESTAS EN LOS BRAZOS DE TU HIJO JESUS.
“¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu
vientre!” Lucas 1, 39-56
Veníamos asistiendo en el Evangelio de San Juan al discurso del
Pan de vida o también muy conocido por la Teología Bíblica como el discurso
Eucarístico. La reflexión dominical nos estaba conduciendo cada vez mas a ese
encuentro con el Hijo de Dios que se hace comida de vida eterna y nos lanza de igual
manera en la historia a darnos como alimento para los demás.
Pero la liturgia de la Iglesia interrumpe ésta hermosa reflexión
para que nos detengamos en la Madre de Jesús y Madre nuestra, que al igual que
su Hijo es servidora y lo hace de manera pronta en la persona de Isabel su
Prima.
El Evangelio de este Domingo es el de San Lucas en el
Capitulo 1, versículos del 39.56, tradicionalmente conocido como el pasaje de
la Visitación, pues María que se encuentra en cinta va a prisa recorriendo una
montaña escabrosa y lejana a visitar y asistir en sus últimos días de embarazo
a su prima anciana Isabel. Así pues, María da el primer paso para dar a conocer
que el servicio, el darse a los demás como pan partido es la respuesta a un
Dios que nos llama a ser parte de su Pueblo.
El encuentro de éstas dos mujeres, María e Isabel encierran
una gran manifestación del cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento
y el gran canto de alabanza muy propio de las mujeres judías que alababan a
Dios por su grandeza.
Hoy la Iglesia nos invita a reflexionar en una gran verdad
que los católicos hemos venido enseñando y propagando desde el inicio del mismo
cristianismo: “La Asunción de María al Cielo”.
Seguramente, querido lector en algún momento de tu oración
has contemplado este misterio en el Santo Rosario, ¿pero has querido iluminarlo
con alguna revelación Bíblica y no lo has encontrado verdad?
Pues quiero decirte que en nuestra Iglesia no sólo tenemos
como fundamento la Biblia sino también la Tradición y el Magisterio de la
Iglesia.
Lucas el evangelista encierra la existencia de María entre
los dos descensos del Espíritu Santo, el primero, en el momento de la
Anunciación cuando Jesús, el Hijo de Dios, se forma en ella y el segundo en el
Cenáculo, el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo desciende sobre la primitiva
Comunidad cristiana; entonces no hay más noticias de María.
Las devociones florecen en ella y de igual manera muchas tradiciones,
pero nada históricamente fundado.
¿Cuál fue el final de María? En la iglesia primitiva se
prefería hablar de dormición. Dormición, inspirada en los Evangelios, donde la
imagen del morir se indica con el verbo "dormir"; ¿que es dormir? No
es un final, pero es una pausa necesaria para permitir a la persona reanudar su
existencia con más vigor, por lo que los cristianos que murieron fueron
llamados los santos durmientes.
Luego, desde el siglo VII en adelante en nuestra iglesia
occidental esta fiesta fue reemplazada lentamente por la fiesta de la Asunción,
pero ambas, ya sea dormición que la asunción, pretenden afirmar la misma
realidad: la muerte no interrumpió la vida de María, pero el Padre la introdujo
en la plenitud de la dimensión divina y esta no es un privilegio extraordinario
otorgado por el Señor a una criatura privilegiada como María, pero ella es una posibilidad
para los creyentes de todos los tiempos.
De hecho, sobre el final de María hay un texto muy precioso
compuesto por San Militone da Sardi que dice que María murió en el año 190, lo
que indica claramente que murió en la parte superior de Jerusalén, el actual
Monte Sión, y fue enterrada en la parte baja, en el monte Getsemaní, y colocado
su cuerpo en una tumba.
Aquí, la imagen de la dormición es una imagen que quizás
deberíamos recuperar todos nosotros los occidentales: la muerte no es un final,
sino un nuevo comienzo y con la muerte las personas estaremos en brazos de
Jesús. Mientras que en vida fue María quien sostuvo a Jesús en sus brazos,
ahora con la muerte es Jesús, el Hijo, sosteniendo a su madre en sus brazos.
En la Iglesia Católica hubo reticencia a afirmar que María
estaba muerta porque parecía una contradicción con al dogma de la inmaculada
concepción y el pecado original. Así lo enseñó el Santo Padre Juan Pablo II,
quien, en la audiencia general del 25 de junio de 1997, afirmó claramente que
María también estaba muerta y la muerte de María no fue una disminución, sino un
enriquecimiento de su existencia.
En este tiempo de pandemia que hemos visto tan cerca la
muerte tal vez deseemos vernos en los brazos de Jesús porque para nosotros la
muerte no es el final sino un nuevo comienzo.
Dios te Salve María porque eres en verdad tan llena de Gracia
que re has dormido en los brazos del tu Hijo Jesús.
Feliz Domingo de la Dormición de María.
Sady Daniel. Pbro.

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