“Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron” Juan 6, 41-51
EL EXODO FUE UN FRACASO PORQUE TODOS BAJO LA LEY DE MOISES MURIERON.
En el largo discurso pronunciado por Jesús en la sinagoga de
Cafarnaúm después de la multiplicación de los panes y los peces, Jesús con su
manera de presentar lo “Divino del Reino” consigue sin buscarlo hacer infelices
a todos. Dejó perpleja a la multitud que querían que Jesús se convirtiera en su
rey, de igual manera hay un ambiente de descontento en los líderes religiosos y
en sus sus discípulos; algunos incluso lo abandonarán.
Loa interlocutores de Jesús son los Judíos; para el Evangelista
los judíos son los líderes religiosos, las autoridades del pueblo; ellos
"empezaron a murmurar", murmuraron al igual que el pueblo de Israel
contra Moisés en el desierto, murmuraban porque él dijo: “Yo soy…”, éste es el
nominativo de la “reivindicación del nombre divino, “el pan bajado del cielo”.
¿Por qué murmuran contra Jesús? La institución religiosa debe su existencia a
la distancia que ha logrado establecer entre Dios y los hombres y en esta
distancia está la mediación de la institución religiosa. Jesús vino a eliminar
esta distancia, trajo, acercó a Dios a los hombres y esto es intolerable para
ellos, para los Judío, fue la ley la que descendió del cielo, no el pan,
alimento de vida. "Y por esto dijeron: ¿no es este Jesús el hijo de
José?". Afirmar que un hombre tiene la condición divina es inadmisible, es
una blasfemia. Para las autoridades religiosas es una blasfemia que merece la
muerte. Jesús les responde "No critiquen. Nadie puede venir a mí, si no lo
atrae el Padre que me ha enviado", este verbo, “atraer “es característica sólo
de Juan entre los evangelistas, "el Padre que me envió". Qué ¿significa?
Este verbo significa una atracción irresistible: el amor con el que el Padre
atrae y ama a sus hijos no tiene límites ni plazos, ni siquiera la misma muerte,
y aquí es a donde Jesús quiere llegar: ni la muerte puede interrumpir ese amor
de Dios. Estas palabras del Señor van a seguir creando distancia con las
autoridades judías, defensoras de la institución religiosa que había colocado
por encima de la gracia y el amor la le. Los judíos necesitan desmeritar a
Jesús y ubicarlo solamente en el escenario religioso como un buen hombre: “el
Hijo de José el carpintero de Nazareth”.
El amor de Dios es eterno como la vida que transmite al
hombre. Entonces, "Nadie puede venir a mí sino lo atrae el Padre que me ha
enviado”. Él lo atrae y Yo lo resucitaré en el último día". La
resurrección de Jesús no es una fecha final, sino que hace parte de la
existencia misma del individuo ", como está escrito en los profetas: “todo
será enseñado por Dios”, ¿por qué todo será enseñado por Dios? Porque ya no se
trata más de ser instruidos en la ley, sino de aprender a aprender en el amor a
amar.
Y Jesús continúa hablándole a los judíos: "De cierto, de
cierto les digo, el que cree en mí, tiene vida eterna"; no hay articulo determinativo
(la), no es "la vida eterna", sino: “vida eterna” no es algo
agregado, sino que es la vida que por sí misma ya es eterna, es entonces una
vida eterna para todo aquel que quiera acogerlo, es así para todo discípulo un
estilo de vida.
Siguiendo Jesús con su discurso se presenta de nuevo con el
nominativo, "Yo soy", "el Pan de vida". Y aquí es donde
Jesús también desagradará a sus discípulos porque pone su dedo en la herida del
fracaso del Éxodo. De hecho, Jesús afirma polémicamente "Sus padres",
Jesús tendría que decir "Nuestros padres", pero no sigue los pasos de
los padres, sigue al Padre y por eso se distancia: "sus padres comieron el
maná en el desierto y murieron". El éxodo fue un fracaso: todos los que
siguieron a Moisés en el éxodo todos murieron en el desierto, ni siquiera
Moisés pudo entrar a la tierra prometida, sus hijos entraron, pero no los que salieron
de Egipto, así que el éxodo fue un fracaso, denuncia Jesús.
"Este es el pan que desciende del cielo, para que quien
lo coma no muera"; comer este pan, asimilando la vida de Jesús y
haciéndose pan para los demás, injerta en el individuo un dinamismo del amor
que hace que su vida sea indiscutible. Y continúa Jesús de nuevo insistiendo
“Yo soy el pan vivo que descendió del cielo, si alguno come de este pan vivirá
para siempre y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”. El
evangelista usa precisamente el término "carne" que indica al hombre
en su debilidad; esto significa que no hay regalos de Dios que no pasen por la
carne, por la humanidad. Cuanto más te vuelves humano, más te vuelves sensible
a las necesidades y sufrimientos de los demás, cuanto más humano es, más divino
se manifiesta en las personas.
Así pues, el camino de Galilea que vamos haciendo paso a
paso con Jesús se hace más interesante porque si lo seguimos a Él, si comemos
de ese Pan y nos hacemos pan para los demás tendremos vida eterna.
Feliz Domingo.
Sady Daniel, Pbro.
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