Nada de catástrofes ni final del mundo; al contrario, es una nueva Historia: la del Evangelio y el Reinado de Dios.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos
días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará
su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.
Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y
majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro
vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera:
Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano
está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a
la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla.
El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora
nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»
Palabra del Señor.
REFLEXION
La palabra Evangelio significa buena noticia, y esto quiere
decir que todo lo que los evangelios contienen son cosas buenas, incluso el
episodio que comentamos en el Evangelio de Marcos de este domingo que puede
parecer extraño si no se comprende el lenguaje con el cual el evangelista lo ha
escrito. Nada de catástrofes ni final del mundo; al contrario, es ver la
historia de manera distinta a raíz de la difusión del mensaje evangélico.
San Marcos nos presenta una crónica periodística en donde
ubica a Jesús contemplando las magníficas construcciones del templo herodiano y
dirá que de todo aquello no va a quedar piedra sobre piedra. La institución
religiosa judía representada por su templo no ha sido capaz de llevar a cabo lo
que Dios le había encomendado por lo que va hacia la ruina.
Jesús advierte a sus discípulos para que sepan interpretar
el final de Jerusalén. Marcos describe esta enseñanza usando el lenguaje que se
encuentra en los profetas para anunciar la caída de un poder opresor o un
personaje importante. “Ahora bien, en aquellos días, después de aquella
angustia, el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor, las estrellas
irán cayendo del cielo y las potencias que están en el cielo vacilarán”. Esta
es una imagen muy dura en la que se habla de realidades que parecen inmutables,
como el sol y la luna, pero que ahora se presentan sin valor perdiendo su
resplandor. El sol y la luna en la cultura antigua era la imagen de las
divinidades que regían la vida de los mortales. Era una manera de indicar un
sistema de vida que favorecía a algunos y perjudicaba a la mayoría. Estas
divinidades elegían a sus representantes que eran como astros que también
salían sobre el cielo.
Las potencias que están en el cielo son realidades que están
por encima de los mortales para dominar y ejercer su poder y tener todo bajo
control. Jesús dice que todo esto va a cambiar y perderá completamente su
valor, su luz. ¿Cuándo sucederá esto? Con la caída de Jerusalén comenzará la
difusión del Evangelio ya que los discípulos tendrán el coraje de lanzarse a la
misión y en la medida en que se vaya proclamando el mensaje de la buena noticia
las falsas divinidades se irán apagando pues la gente dejará de creer en ellas.
No se puede creer en una divinidad que trata de forma arbitraria la vida de los
seres humanos. Perderán su esplendor y los personajes importantes que se
sentían bendecidos por ellas irán cayendo del cielo pues es en el cielo donde
sucede este cambio.
Toda la realidad humana será purificada al ir cayendo los
regímenes opresores en la historia en la medida en que los discípulos sean
capaces de ir proclamando con la misma vida el mensaje del Evangelio, la buena
noticia del reino y construyendo la sociedad humana nueva.
Este lenguaje del Señor muy en concordancia con el Profeta
Isaías cuando satirizó la caída del Rey Nabuconodosor está puesta en escena
para que los discípulos adviertan la caída de las instituciones injustas o simplemente
las ignoren para que salgan con la fuerza del Evangelio a hacer presente el Reinado
de Dios.
Con el Reinado de Dios mediante la propagación del
Evangelio, los discípulos no tienen que oponerse a nadie, sino que tienen que
difundirlo, y en el proceso de ser testigos con la misma vida, se irá
construyendo algo que será capaz de ir derrocando las falsas divinidades e ir
echando por los suelos a todos quienes se ponen por encima de los demás para
controlar la vida de los seres humanos. Por esto, Jesús dice "cuando vean
que esas cosas están sucediendo, sepan que está El muy cerca, a la puerta";
esta realidad nueva es un proceso lento en la historia que poco a poco se irá
liberando de todo aquello que impide manifestar la riqueza que en la historia
ha sido sembrada a través del Evangelio. Todo pasará, pero las palabras del
mensaje no pasarán pues son las palabras que mantienen vivas la historia y la
misma vida de los hombres.
En lo referente al día y la hora sólo es el Padre quien
conoce el proceso de maduración de la historia por lo que hay que tener
paciencia para que la historia siga dirigiéndose hacia el destino de plenitud a
la que está llamada estando asegurado, y a nosotros nos toca trabajar para que
la historia acelere el crecimiento poniéndonos de parte del Evangelio
apartándonos de todo sistema de opresión pues nada de esto tiene futuro pues
nada que se pone por encima del bien del hombre podrá salir adelante. En
cambio, todo aquello que es capaz de producir vida y se deja fecundar por la Palabra
de Jesús que no pasará nunca, tendrá la vida asegurada y será el motor que haga
que el resto siga creciendo hacia ese final de plenitud completa.
Hermoso Evangelio el de éste Domingo para leerlo en una
realidad de tanta palabrería de politiqueros, de previsiones preocupantes del
cambio climático según la conferencia celebrada en Glasgow, saliendo de una
pandemia que nos coloca frente a un desabastecimiento de materias primas y para
nosotros católicos al final de un año litúrgico y a la espera de un adviento que
nos ha de cuestionar seguramente en una opción verdadera por el Rey de Reyes:
Nuestro Señor Jesucristo dejando que caigan las falsas luminarias que hemos
entronizado con tanta pompa pero que han oscurecido el verdadero discipulado.
Hace cuatro siglos cuando iluminaron con energía eléctrica
la majestuosa catedral de Notre Dame uno de los grandes artistas parisinos
habló del inicio del oscurantismo. Las bellezas arquitectónicas y artísticas se
apreciaban con la luz natural y bajo el destello de la luz que venía del
exterior. ¿Será que hemos oscurecido la belleza del Evangelio con las
luminarias humanas?
Sady Daniel. Pbro
Excelente lecturas para estos momentos de tanta inquietud en la humanidad. Bendiciones.
ResponderEliminarLa gracia de Dios nos acompañe.