El Domingo para sacar la viga de nuestro ojo.

 

Evangelio: Lucas 6,39-45

 

6,39: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: ¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en un hoyo? 6,40: El discípulo no es más que el maestro; cuando haya sido instruido, será como su maestro. 6,41: ¿Por qué te fijas en la pelusa que está en el ojo de tu hermano y no miras la viga que hay en el tuyo? 6,42: ¿Cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame sacarte la pelusa de tu ojo, cuando no ves la viga del tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver claramente para sacar la pelusa del ojo de tu hermano. 6,43: No hay árbol sano que dé fruto podrido, ni árbol podrido que dé fruto sano. 6,44: Cada árbol se reconoce por sus frutos. No se cosechan higos de los cardos ni se vendimian uvas de los espinos. 6,45: El hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro bueno del corazón; el malo saca lo malo de la maldad. Porque de la abundancia del corazón habla la boca. – Palabra del Señor.


REFLEXION.

En éste este Domingo Jesús sigue enseñando a sus discípulos y, después de haberlos invitado a ser hijos del Altísimo, es decir, ser amable con los ingratos y los malvados, no excluir a nadie del campo de acción de este amor e incluso teniendo sentimientos maternales hacia los demás, ahora Jesús advierte a los suyos discípulos de esos riesgos siempre presentes en toda comunidad, y esos eran los riesgos de la espiritualidad farisaica de la pretensión de los discípulos de ser guía y maestro de los demás.

En la comunidad de Jesús hay un solo guía y un solo maestro: Cristo.

Entonces Jesús en su enseñanza dice a los discípulos ¿Puede un ciego guiar a otro ciego? Ahí, incluso la mera pretensión de ser la guía del otro hace que la persona se vuelva ciega. El creyente no está llamado a hacer de guía, el único guía es Cristo, pero el creyente es un compañero, un compañero de camino que sostiene al otro lo alienta pero no lo guía. Y Jesús dice: si un ciego guía a otro ciego ambos caen al hoyo incurriendo en lo que fue la maldición bíblica del libro de Deuteronomio "maldito el que hiciere Camino a los ciegos"

Y entonces Jesús vuelve a advertir, pero ahora pues retomará el discurso de la ceguera, un discípulo no es más que su maestro, pero todo el que esté bien preparado será como su maestro. Jesús invita al discípulo a crecer, independizarse, realizarse en la persona y no necesitar más un maestro porque es el Espíritu quien los guía.

Dios, el Padre de Jesús, no gobierna a los hombres dictando leyes sino que comunica interiormente su Espíritu que nos hace libres e independientes.

Jesús vuelve de nuevo al tema de la ceguera y explica en qué consite, ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano y no te das cuenta en la viga que está en tu ojo? El reclamo de ser una guía, maestro por otro lado, puede llevar a corregir lo que Jesús dice que son minucias y el hecho de que pretendas corregir al otro es porque tienes un rayo clavado en el tuyo. Entonces Jesús continúa irónicamente: Cómo puedes decirle a tu hermano déjame quitarte la paja que está en tu ojo mientras tú mismo no ves la viga que hay en tu ojo ¿Cómo no puedes ver una viga que está en el ojo? Es la viga que está en el ojo la que hace ver la paja en los ojos de los hermanos, pero no ver la viga en el ojo significa una presunción, un sentido de superioridad; es lo que Jesús llama una hipocresía.

El Señor Jesús invita a todo cristiano, seguidor suyo, primero a quitar la viga de nuestro ojo para poder ver bien y ahí si pretender la mota del ojo de nuestro hermano. Es lo que en espiritualidad se llama la corrección fraterna

Si un mensaje produce vida, enriquece la vida de los demás y viene ciertamente de Dios porque Dios es el autor de la vida.

¿Cómo distinguir entre buenos y malos maestros en la comunidad cristiana? ¿Cómo saber en quién confiar y en quién no confiar? ¿Cómo reconocer a los que son ciegos o tienen troncos ante los ojos?

La última parte del Evangelio de hoy proporciona los criterios para juzgar: «El hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro bueno del corazón; el malo saca lo malo de la maldad. Porque de la abundancia del corazón habla la boca (v. 45).

Al finalizar ésta reflexión los invito a unirnos en oración por la paz del mundo, especialmente en Ucrania y en nuestro territorio nacional. Que podamos sacar lo mejor que haya en nuestros corazones y podamos respetar la vida desde su concepción hasta una muerte digna y que los gobernantes de las naciones que tienen la responsabilidad de ser garantes de la vida depongan sus odios y mediante el diálogo puedan conciliar cualquier diferencia en búsqueda siempre del bien común.

Feliz Domingo.
Sady Daniel, Pbro.
Párroco en el Espíritu Santo.


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