El Domingo para escoger conversión o muerte.
Evangelio: Lucas 13,1-9
En aquella
ocasión se presentaron algunos a informarle acerca de unos galileos cuya sangre
había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Él contestó: ¿Piensan que
aquellos galileos, sufrieron todo eso porque eran más pecadores que los demás
galileos? Les digo que no; y si ustedes no se arrepienten, acabarán como ellos.
¿O creen que aquellos dieciocho sobre los cuales se derrumbó la torre de Siloé
y los mató, eran más culpables que el resto de los habitantes de Jerusalén? Les
digo que no; y si ustedes no se arrepienten acabarán como ellos. Y les propuso
la siguiente parábola: Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a
buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo al viñador: Hace tres años que
vengo a buscar fruta en esta higuera y nunca encuentro nada. Córtala, que
encima está malgastando la tierra. Él le contestó: Señor, déjala todavía este
año; cavaré alrededor y la abonaré, a ver si da fruto. Si no, el año que viene
la cortarás. – Palabra del Señor.
REFLEXION:
En este domingo nuevamente encontramos en el Evangelio que cada vez que Jesús trata de liberar a las personas, inmediatamente aparecen los que están en contra de este proceso de liberación.En la primera parte del relato (vv. 1-5) viene referidos dos
sucesos de crónica: un crimen cometido por Pilato y el derrumbamiento
accidental de una torre cercana a la piscina de Siloé. El gobernador no era
ciertamente un hombre de corazón tierno. Los historiadores le atribuyen varios
episodios dramáticos de los que fue protagonista. El Evangelio de hoy narra uno
ellos.
Algunos peregrinos venidos de Galilea para ofrecer
sacrificios en el templo, probablemente con ocasión de la Pascua, se ven
envueltos en un episodio de sangre. La Pascua celebra la liberación de Egipto y
es, por tanto, inevitable que despierte en todo israelita deseos de libertad,
agudizando el sentimiento de rebelión contra la opresión romana. Es posible que
también estos galileos, quizás un poco fanáticos, hayan intercambiado con los
soldados romanos algunos insultos y de las palabras hayan pasado a los hechos,
primero con gestos provocativos y empujones para terminar en una reyerta.
Pilato, que solía transferirse de Cesarea a Jerusalén
durante las grandes fiestas para asegurar el orden y prevenir revueltas, había
impuesto una férrea política de tolerancia cero frente a cualquier señal o
incluso amago de rebelión y, en consecuencia, también en esta ocasión hace
intervenir al ejército y, sin respeto alguno por el lugar sagrado, masacra a
los desventurados galileos. Un gesto brutal y sacrílego, un ultraje al Señor,
una provocación al pueblo que considera el templo como morada de su dios, un
lugar donde los mismos sacerdotes tenían que caminar descalzos, incluso en
invierno.
Entonces Jesús invita a las personas a crecer, a ser
personas maduras, que razonan con la cabeza y caminan sobre sus propias
piernas. Esto es inadmisible para el poder religioso que siempre tiene que someter
a las personas, tratándolas como niños. Y aquí está la reacción.
Algunos vinieron a hablarle de aquellos galileos. Decir
"Galileo", en tiempos de Jesús, no indicaba sólo el origen de una
región específica. Galileo significa "revolucionario" e indicaba a
los fanáticos, los terroristas de la época. Recordamos la gran rebelión de
Judas el Galileo que está escrita allí en los Hechos de los Apóstoles.
Jesús está tratando de liberar a la gente de la influencia
de las autoridades religiosas y la consecuencia es una amenaza, una clara
advertencia al estilo mafioso: “Cuidado Galileo, aquí los galileos llegaran a
un gran mal final". Pues Jesús no sólo no se deja intimidar, sino que va
al ataque, reaccionando.
Jesús, tomando la palabra, les dijo: «¿Creen que aquellos
galileos eran más pecadores que todos los galileos, por haber sufrido tal destino?
Jesús niega la conexión que se ve en el castigo como una
acción de parte de Dios para reprender los pecados de hombres. “No, te digo,
pero si no te conviertes…”, es decir, si no cambias de vida. ¡Conversión al
evangelio! indica poner el bien del otro como principal valor de la propia
existencia, "... para no perecer de la misma manera."
La llamada de Jesús a la conversión es una invitación a
cambiar de manera de pensar.
Los judíos cultivaban sentimientos de violencia, venganza,
rencor contra los opresores. Éstos no son los sentimientos de Dios. Es urgente
que revisen su posición, que renuncien a la confianza que ponen en el uso de la
espada. Por desgracias, no están dispuestos a la conversión y así, cuarenta
años después, perecerán todos, (culpables e inocentes) en una nueva y más
grande masacre.
Jesús no busca huir
del problema, propone una solución diversa. Rechaza los remedios paliativos.
Invita a intervenir sobre la raíz del mal. Es inútil hacerse la ilusión de que
la situación pueda cambian simplemente sustituyendo a aquellos que detentan el
poder. Si los nuevos gobernantes no tienen un corazón nuevo, si no siguen una
lógica diversa, todo seguirá como antes. Sería como cambiar los actores de un
espectáculo sin cambiar el texto que deben recitar.
He aquí la razón por la que Jesús no se adhiere a la
explosión colectiva de indignación contra Pilato. Jesús invita a la conversión,
propone un cambio de mentalidad. Solo quienes se convierten en personas
diferentes, solo personas con un corazón nuevo pueden construir un mundo nuevo.
Esta es la solución definitiva.
¿Cuánto tiempo tenemos a disposición para realizar este
cambio de mentalidad? ¿Puede postergarse algunos meses más, algún año más? A
estas preguntas Jesús responde en la segunda parte del evangelio de hoy (vv.
6-9) con la parábola de la higuera.
En la biblia se habla frecuentemente de este árbol que, dos
veces al año, en primavera y en otoño, da frutos dulcísimos. En tiempos
antiguos era símbolo de la prosperidad, de la paz (cf. 1 Re 4,25; Is 36,16) En
el desierto del Sinaí, los israelitas soñaban con una tierra con abundancia de
manantiales de agua, campos de trigo…e higueras (cf. Dt 8,8; Nm 20,5).
El mensaje de la parábola es claro: de quien ha escuchado el
mensaje del Evangelio Dios espera frutos deliciosos a abundantes. No quiere
prácticas religiosas externas, no se contenta con las apariencias (en primavera
la higuera da los frutos incluso antes que hojas), sino que busca obras de
amor.
A diferencia de los
otros evangelistas que hablan de una higuera estéril que Jesús ha hecho secar o
casi (cf. Mc 11,12-24; Mt 21,18-22), el evangelista de la misericordia,
introduce una prórroga: otro mes de espera antes de la intervención definitiva.
Lucas presenta a un Dios paciente, tolerante con la debilidad humana,
comprensivo con la dureza de nuestra mente y de nuestro corazón.
Esta actitud
magnánima, sin embargo, no hay que entenderla como indiferencia frente al mal,
no es una aprobación de la negligencia, del desinterés, de la superficialidad.
El tiempo de la vida es demasiado precioso como para que se puede desperdiciar,
aunque sea un solo instante. Apenas surge la luz de Cristo, es necesario
recibirla y seguirla, inmediatamente.
La palabra es una
invitación a considerar la Cuaresma como tiempo de gracia, como un “nuevo año
precioso” que le viene concedido a la higuera (cada uno de nosotros) para dar
fruto.
Feliz Domingo.
Sady Daniel, Pbro.
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