El Domingo para triunfar con la Palabra.
Evangelio: Lucas 4,1-13
En aquel tiempo, Jesús, lleno de Espíritu Santo, se alejó
del Jordán y se dejó llevar por el Espíritu al desierto, 4,2: donde permaneció
cuarenta días, siendo tentado por el Diablo. En ese tiempo no comió nada, y al
final sintió hambre. 4,3: El Diablo le dijo: –Si eres Hijo de Dios, di a esta
piedra que se convierta en pan. 4,4: Le respondió Jesús: –Está escrito: No sólo
de pan vive el hombre. 4,5: Después lo llevó a un lugar muy alto y le mostró en
un instante todos los reinos del mundo. 4,6: El Diablo le dijo: –Te daré todo
ese poder y su gloria, porque a mí me lo han dado y lo doy a quien quiero. 4,7:
Por tanto, si te postras ante mí, todo será tuyo. 4,8: Le replicó Jesús: –Está
escrito: Al Señor tu Dios adorarás, a él solo darás culto. 4,9: Entonces lo condujo
a Jerusalén, lo colocó en la parte más alta del templo y le dijo: –Si eres Hijo
de Dios, tírate abajo desde aquí, 4,10: porque está escrito: Ha dado órdenes a
sus ángeles para que te cuiden 4,11: y te llevarán en sus manos, para que tu
pie no tropiece en la piedra. 4,12: Le respondió Jesús: –Está dicho: No pondrás
a prueba al Señor, tu Dios. 4,13: Concluida la tentación, el Diablo se alejó de
él hasta otra ocasión. – Palabra del Señor
REFLEXION:
Jesús, es conducido por el Espíritu al desierto después de
haber sido bautizado en el Jordán, ese mismo Espíritu convierte a Jesús en la
manifestación visible del perdón y del amor de Dios.
El desierto recuerda el éxodo de Israel, cuando el camino
para entrar a la tierra prometida partía de la esclavitud egipcia. Ahora la
tierra prometida se ha convertido en una tierra de esclavitud de la que Jesús nos
ha de liberar.
La institución religiosa, por sus propios intereses, por su
propia conveniencia, se ha posesionado de Dios y Jesús debe librar al pueblo de
las garras de los líderes religiosos de la época.
Durante cuarenta días. Los números en los evangelios y en la
Biblia, no van nunca interpretados de manera aritmética o matemática, sino
siempre en sentido figurado. El número cuarenta indica una generación. El
evangelista nos quiere decir que los cuarenta días no es un periodo aritmético,
sino que se refiere a la generación de Jesús y del cristianismo. Es la
purificación constante de toda religión que oprime y no libera al hombre.
Tentado por el diablo. Para nosotros "tentación"
siempre significa algo que conduce al mal. Pero según San Lucas el diablo no se
presenta como rival de Jesús, sino como uno de sus colaboradores. Así que más
que tentaciones podríamos hablar de las seducciones del diablo en el desierto.
No comió nada en esos días. No es un ayuno. El evangelista
evita la palabra ayuno, porque el hambre de Jesús era un hambre diferente. Más
tarde Jesús dirá: “He deseado comer esta Pascua con ustedes". Pero cuando
terminaron, tenía hambre. Pero en realidad no es hambre de pan.
Demonio. ¿Quién es el diablo? Mientras Dios es amor que se
pone al servicio de los hombres, el diablo es ese poder que domina a la gente.
Entonces el diablo le dijo: "Si eres Hijo de
Dios". No es un cuestionamiento de la filiación divina, que ya se había
revelado en el bautismo, pero significa “ya que eres hijo de Dios, usa tus
habilidades para los tuyos”.
"Dile a esta piedra que se convierta en pan". Así
que usa lo tuyo a tu favor.
Jesús le contestó: "Escrito está: 'No sólo de pan
vivirá el hombre'". Es una cita del libro de Deuteronomio.
La disputa entre Jesús y el diablo parece una disputa
teológica entre escribas o dioses rabinos. De hecho, el evangelista lo presenta
de esa manera.
La segunda tentación: “Te daré todo ese poder y su gloria,
porque a mí me lo han dado y lo doy a quien quiero” (vv. 5-8). Parece un poco
exagerado lo que el diablo afirma. Y sin embargo, es verdad: la lógica que rige
el mundo, la que regula las relaciones entre las personas no es la del sermón
de la montaña (cf. Mt 5–8), no es la de las Bienaventuranzas (cf. Lc 6,20-26),
sino la opuesta, la del maligno (cf. Jn 12,31; 14,30; 16,11).
Quien tiene poder o es rico, puede servir a los más pobres,
favorecer a los menos afortunados; pero también pueda darse a la buena vida en
plan de gran señor. El ansia de poder es tan irrefrenable que, incluso el
pobre, viene tentado de dominar a quien es más débil que él.
La autoridad es un carisma, es un don de Dios a la comunidad
para que cada uno pueda encontrar en ella su puesto y ser feliz. El poder, por
el contrario, es diabólico, aunque sea ejercido en nombre de Dios. Dondequiera
que una persona humana sea dominada, dondequiera que se luche para prevalecer
sobre los demás, dondequiera que alguien se vea obligado a arrodillarse o
inclinarse ante a un semejante suyo, allí está actuando la lógica del
maligno.
La tercera tentación es la más peligrosa porque atenta
contra la relación del hombre con Dios. La propuesta diabólica viene basada
nada menos que en la Biblia: “Si eres hijo de Dios, tírate abajo desde aquí,
porque está escrito…” (vv. 9-12). La más sutil de las astucias del maligno es
presentarse con rostro cautivador, asumir un talante devoto, servirse de la
misma palabra de Dios (deformada y propuesta de manera aberrante) para
extraviarnos.
El objetivo máximo del maligno no es el de provocar alguna
que otra caída moral, fragilidad o debilidad, sino la de minar la base de
nuestra relación con Dios. Este objetivo se consigue cuando, en la mente del
hombre, se insinúa la duda acerca de la fidelidad de Dios a sus promesas, la
duda de que cumpla su palabra, de que nos asegure su protección, de que no nos
abandone después de habernos mostrado su confianza. De esta duda nace la
necesidad de “tener pruebas”.
Jesús no ha cedido a esta tentación, no ha dudado nunca del
amor y de la fidelidad de su Padre; ni siquiera en el momento más dramático, en
la cruz, frente al absurdo de todo lo que le estaba sucediendo, se ha sentido
abandonado por él.
Cuando Dios no realiza nuestros sueños, enseguida comenzamos
con nuestras quejas: “¿Dónde está Dios? ¿Existe de verdad? ¿Vale la pena
continuar a creer en él si no interviene para favorecer a quien le sirve?”. Y
si Dios no nos da la prueba de amor que le exigimos, nuestra fe corre el riesgo
de venirse abajo.
Dios no ha prometido a sus fieles evitarles dificultades y
tribulaciones. No ha prometido librarlos milagrosamente de la enfermedad y de
dolor; ha prometido, eso sí, darles la fuerza para no salir derrotados de las
pruebas. Es impensable que Dios nos trate de manera diferente a como ha tratado
a su propio Hijo unigénito.
El diablo se retiró de él hasta el tiempo señalado. ¿Qué se puede
decir de ese momento? de los datos que tenemos en el evangelio el momento señalado
es el momento de la cruz, un momento tremendo, dramático, del fin de Jesús,
cuando serán los líderes del pueblo los que le dirán a Jesús: "Si eres el
Cristo, que se salve", que use sus habilidades para salvarse.
Pero al igual que en las seducciones de este Evangelio de
Lucas, el Señor no vino para sí, sino para los demás, su Reinado se basa en
salvar a los demás y dar su vida en rescate por todos. Quien use sus carismas o
valores para sí sin dar la vida por los demás hace parte de la mentalidad del
demonio que busca avasallar y esclavizar a sus hermanos, comprándolos para después
venderlos al mejor postor.
Diferencia que surge entre Dios y el diablo: Dios es amor
que se pone al servicio y pone el interés del otro en primer lugar, el diablo
es poder que domina y piensa sólo en su propia conveniencia.
¿Cómo estamos viviendo nuestra vida? ¿Al servicio de los
demás o nos servimos de los demás?
Feliz Domingo.
Sady Daniel, Pbro.
Párroco en el Espíritu Santo.
Gracias Padre Sady, servir es un don cuando lo hacemos por amor, el amor de Dios qué nos impulsa a dar lo mejor de nosotros pensando siempre en el bienestar del otro y negarnos a nuestros propios intereses, eso sólo lo logramos cuando logramos tener un encuentro personal y verdadero con Nuestro Señor.
ResponderEliminarMil gracias por esta palabra tan hermosa.
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