El Domingo para dar "sabor" y ser luz en medio de tanta oscuridad, incluso: religiosa.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,13-16):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y den gloria a su Padre que está en los cielos».
Palabra del Señor.
El domingo anterior el Señor nos presentaba en el discurso
de las bienaventuranzas la verdadera felicidad, su camino y seguimiento para no
caer en falsas y nefastas alegrías como la destrucción de la dignidad de la persona
humana incluso por el sólo hecho de defender caprichos religiosos.
La palabra de Dios es la Luz y quien se deja iluminar
encuentra una manera nueva de vivir, tanto su fe en el Señor Jesucristo como la
relación con sus hermanos, incluida la pacha mama o madre tierra, o casa común,
como la llama el Papa Francisco.
Hay un buen grupo de personas que han querido reunirse todos los martes a las 7 d la noche en la Parroquia del Espíritu Santo, diagonal al CAI de Terrazas a preparar mediante el estudio del Evangelio el Domingo, Día del Señor. Esta semana cumplimos un año. Doy gracias al Señor por su Palabra que cada vez nos enseña, exhorta y nos hace verdaderos cristianos sin necesidad de búsquedas vacías de significados, sino apropiándonos de nuestra tradición católica porque la Palabra de Dios ilumina todo lo vivido durante mas de veinte siglos. Durante este año hemos podido ver la madurez y testimonio de discípulos y misioneros como nos lo propusieran los Obispos en Aparecida: discípulos y misioneros para que nuestros pueblos tengan vida y vida en abundancia.
El Evangelio de este domingo está al final de las
bienaventuranzas, aquí encontramos las palabras severas, esperanzadoras y
confiadas de Jesús; se dirige a sus discípulos: "Ustedes son la sal de la
tierra". ¿Cuál es el significado de la sal? La sal era un elemento muy,
muy preciado, conocemos la palabra salario viene de la sal, con que se pagaba a
los soldados; la sal se usaba para conservar los alimentos. Entonces, de este
significado físico, material, se transfiguró en un significado simbólico,
porque siendo sal lo que conservaba, se le daba un valor figurativo, que era lo
que se hacía en un pacto, un contrato. En ese tiempo, al darse la mano para
hacer un trato o al escribir un contrato, se extendía en la parte superior del
documento una pizca de sal; significaba: “esto es válido para siempre”.
Entonces Jesús exhorta a sus discípulos, después de haber
proclamado las bienaventuranzas, les dice: "Ustedes son la sal de la
tierra”, es decir, con su fidelidad a las bienaventuranzas lo harán eterno y
actual.
Sin embargo, hay
una advertencia de Jesús: "pero si la sal pierde su sabor”, es decir si ustedes,
estas bienaventuranzas, las acogen, las escuchan, pero luego no las ponen en
práctica, será una pérdida de sentido, de sabor; ¿Con qué se le devolverá el
sabor? ¿cómo volver a ser sabroso? No hay más posibilidades.
Y aquí está la
severa advertencia de Jesús: “no sirve para nada más que para ser desechada y
pisoteada por el pueblo”, pisoteada por los hombres. La humanidad espera la
respuesta de Dios a las necesidades de su Pueblo, a los sufrimientos de la
humanidad, pero si ustedes, que han sido los destinatarios de este mensaje, si tú,
que lo has captado, entonces no lo practicas o, peor aún, eres, con tu
comportamiento, una contradicción al el mensaje en el que crees, dice Jesús,
mereces el desprecio de la gente, mereces ser tirado y pisoteado.
Entonces, aquí
está el lado bueno: "Tú eres la luz del mundo". Jesús dice a sus
discípulos, que acogiendo las bienaventuranzas: Ustedes son la luz que ilumina
el mundo, y “no puede permanecer escondida una ciudad que está sobre la
montaña". Esta ciudad que está sobre la montaña, que era la luz del mundo,
en la cultura de la época era Jerusalén, la ciudad de Dios, pero con Jesús ya
no hay una ciudad, un santuario, donde la gente tiene que ir, pero si una
comunidad de creyentes, de discípulos que tiene que llevar la luz, allí donde haya
oscuridad dando sabor a los sinsabores.
A propósito de este
Evangelio aquí está el Vox Populi que en resumen se vivió el martes anterior en
nuestra Parroquia del Espíritu Santo, lugar de acogida a donde tú también,
estimando lector puedes acudir a conocer la Palabra de Dios para que siendo Luz
puedas llevar “sabor” a los hermanos:
Héctor Castro: podemos ser sal y luz dando testimonio de su Palabra, de lo que ha hecho en nosotros y buscando en su Palabra la fortaleza para ser cada día mejores personas.
Elsa Ochoa: Haciendo caso omiso a lo que la oscuridad está generando y siempre mostrar alegría frente a todo lo que estamos haciendo.
Feliz Domingo.
Gracias P. Sady
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