El Domingo para ser perfectos como el Padre del Cielo.

LECTURA SEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 5, 38-48

"38.Ustedes han oído que se dijo: «Ojo por ojo y diente por diente.» 39.Pero yo les digo: No resistan al malvado. Antes bien, si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra. 40.Si alguien te hace un pleito por la camisa, entrégale también el manto. 41.Si alguien te obliga a llevarle la carga, llévasela el doble más lejos. 42.Da al que te pida, y al que espera de ti algo prestado, no le vuelvas la espalda. 43.Ustedes han oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo y no harás amistad con tu enemigo.» 44.Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores, 45.para que así sean hijos de su Padre que está en los Cielos. Porque él hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores. 46.Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué mérito tiene? También los cobradores de impuestos lo hacen. 47.Y si saludan sólo a sus amigos, ¿qué tiene de especial? También los paganos se comportan así. 48.Por su parte, sean ustedes perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo".

Palabra del Señor.

REFLEXION:

Jesús propone una nueva relación con Dios, que ya no se puede contener en la antigua Alianza. Jesús, en el Evangelio, nos propone un nuevo estilo de vida, quizá el más profundamente humano. Y, a la vez, lo más identificativo de Dios. Se nos pide amar, pero con un amor lo más parecido al de Dios, donde quepan todos, hasta los enemigos.

La humanidad busca continuamente la perfección y el mundo nos ofrece cuerpos perfectos, autos, casas, robots, tecnología con estereotipos de perfección. La perfección está en Dios Padre que se ha manifestado en su Hijo para que nosotros podamos ser bienaventurados o felices.

¿Qué contemplaba la ley de Moisés? ¿Por qué tantos mandamientos? ¿Cuál de todos es más perfecto que el otro?

El Señor nos dijo el domingo anterior que no vino a cambiar la ley sino a darle plenitud, cumplimiento.

La nueva relación con Dios propuesta por el Señor en el sermón del monte o en las bienaventuranzas nos lleva a tener una nueva mirada, una nueva relación con Dios, con el otro, incluida la naturaleza y con nosotros mismos.

“Yo, en cambio, les digo…”

"Han oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo les digo: Amen a sus enemigos. Hagan el bien a los que los aborrecen y oren por los que los persiguen y calumnian". Puede que no seamos capaces, o que no lo seamos siempre, de cumplir estas consignas, pero estoy seguro de que todos nos sentimos orgullosos de Jesús al proclamarlas. Nada de venganza, ni siquiera malquerencia contra nadie. Jesús pone el ejemplo de su Padre, “que hace salir el sol sobre buenos y malos”.

Odiar, maldecir, aborrecer… es lo que nos pide el cuerpo cada vez que nos encontramos con el mal personalizado en mil formas distintas. No es ésta la reacción que Jesús quiere para los integrantes del Reino, para sus seguidores. Nos pide amar en profundidad, o sea, desde el corazón, no desde la epidermis. Amar sin marginar a nadie, sin poner fronteras ni diques a lo que tiene que ser algo incontenible e imparable. Sin tener en cuenta categorías, credos, “etiquetas” políticas, familiares o empresariales; ni siquiera el comportamiento, pecaminoso a veces, del otro, ¿quién soy yo para juzgarlo? Por supuesto, también en esto tenemos que ser personas normales. El amor y la compostura que nos pide Jesús son compatibles con la justicia, con la defensa de nuestros derechos y, en particular, con los de los más débiles e indefensos. Hay que sentirse hijos de Dios, recalcando el plural. Y así, pertenecientes al Reino donde las claves son filiación y fraternidad.

 “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”

Jesús no quiere cualquier estilo de vida para los que van a conformar su Reino. Quiere que sean como El, como su Padre. Por eso va examinando con sus discípulos y seguidores la Ley antigua para adaptarla, perfeccionándola, a la entidad nueva que se está gestando. Estuvo bien lo que se dijo a los antiguos, pero yo os digo que, si no perdonan, si no aman no sólo a los amigos, sino a todos, el Reino por ustedes formado no podrá ser un lugar acogedor, un auténtico hogar.

 

“Sean perfectos, sean santos, sean buenos, sed compasivos, sed misericordiosos… como su Padre”. Tan bueno es que se ha constituido en Padre nuestro, haciéndonos hijos. De esta filiación universal surge la universal fraternidad, en la que lo fundamental ya no es la raza, sangre, cultura o nación. Hay que llegar a sentirse hijos de Dios y hermanos entre nosotros.

Jesús lo dijo, lo practicó y lo vivió. No devolvió mal por mal, ni insultos ni injurias. Aunque si hubo algo que el siempre bueno Jesús no quiso dejar impune fue la hipocresía. Nosotros, ya lo sabemos, seamos o, mejor, intentemos ser perfectos, compasivos, buenos, cuidando el corazón, procurando modelarlo según el de Jesús, siempre compasivo y misericordioso; siempre bueno, perfecto, santo.

Finalizamos el capitulo 5 de San Mateo que nos ocupó tres domingos y con el cual damos paso a la Cuaresma. Las Bienaventuranzas nos iluminaron como una nueva relación con Dios para ser verdaderamente felices y la conclusión es la cereza en el pastel que no nos deja sino gozo en el corazón porque Dios nos creó para ser felices y la verdadera perfección en el amor está en ser como el Padre que el mismo Jesús vino a revelarnos. 

Comentarios

  1. Gracias padre por ser buen pastor y evangelizar a quienes queremos conocer a Cristo

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Construye comentando.

Entradas populares de este blog

El Domingo para bajar del éxtasis a servir.

El Domingo de los Bienaventurados.

El Domingo en que encontramos una luz sin ocaso.