El Domingo del Buen Pastor y las ovejas que escuchan su voz.
Evangelio: Juan 10,27-30
En aquel tiempo dijo Jesús: Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen; 10,28: yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrancará de mi mano. 10,29: Mi Padre que me las ha dado es más que todos y nadie puede arrancar nada de las manos de mi Padre. 10,30: El Padre y yo somos uno. – Palabra del Señor
El cuarto domingo de Pascua se llama el domingo del Buen Pastor, y para la catolicidad la elección de León XIV nos lleva a pensar si en en verdad somos ovejas que escuchamos la voz del único y verdadero Pastor o simplemente nos amparamos en el poder humano. Robert Francis Prevost Martínez ha iniciado su pontificado con Palabras Bíblicas y eso es alentador, su experiencia misionera y su vivencia comunitaria por ser Agustino son puntos a favor para que haga un llamado a los bautizados a escuchar al Señor Jesucristo en las Sagradas Escrituras, en su Evangelio.
Las ovejas siguen sordas en medio de tantos rezos, tradiciones y poder humano. El Pueblo de Dios se olvidó de su Pastor y busca pastores a su acomodo, templos y parroquias en donde lo importante es el cumplimiento de un rito pero la Palabra de Dios no es escuchada ni mucho menos vivida. "las ovejas escuchan mi voz" dice el Señor.
Cada año, la liturgia nos presenta un pasaje del capítulo 10 de Juan, donde Jesús mismo es el verdadero pastor. Los cuatro versos que leemos en el Evangelio de hoy se han extraído de la parte final del discurso de Jesús y quieren ayudarnos a profundizar el significado de esta imagen bíblica.
Jesús se presenta a sí mismo como el hombre duro, fuerte, decidido a luchar contra los bandidos y los animales feroces, como lo hizo David, persiguiendo al león o al oso que arrebata una de las ovejas lejos del rebaño; David lo derriba y le quita la víctima de su boca (1 Sam 17,34-35). Jesús es el buen pastor porque él no tiene miedo de luchar hasta dar su vida por las ovejas que él ama (Jn 10,11).
El único pastor es Cristo. Sus ovejas son aquellos que tienen el coraje de seguirlo en este regalo de la vida. El pastor es entonces un cordero que comparte con todos la suerte del rebaño.
Hay una idea errónea que debe corregirse, la de identificar a todos los bautizados con el rebaño de Cristo. Hay áreas grises en la iglesia católica que se excluyan del Reino de Dios, ya que prosperan en el pecado, mientras que hay enormes márgenes, más allá de los confines de la Iglesia de Roma, que promueven el Reino de Dios porque el Espíritu está trabajando allí. La acción del Espíritu se manifiesta en el impulso del don de la vida al hermano o hermana: «El que vive en amor, vive en Dios y Dios en él» (1 Jn 4,16). El que, sin conocer a Cristo, se sacrifica por los pobres, practica la justicia, la hermandad, el intercambio de bienes, la hospitalidad, la lealtad, la sinceridad, el rechazo a la violencia, el perdón de los enemigos, el compromiso con la paz, pueden ser discípulos del buen pastor. Esto debería hacer pensar a tantos cristianos, que están revolcándose en la complacencia de sí mismos que eventualmente podría resultar en trágicas ilusiones. El pastor puede un día, inesperadamente decir a algunos: «No sé de dónde son ustedes» (Lc 13,25).
El sentirse seguros, la desconfianza preconcebida contra los miembros de otras religiones y los prejuicios hacia los no creyentes están todavía tan profundamente arraigados.
¿Cómo se puede llegar a ser miembros de la grey que sigue a Jesús? ¿Qué ocurre con las ovejas que son fieles a él? El evangelio de hoy dice que no somos nosotros los que tomamos la iniciativa de seguirlo. Él es el que llama: «Mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco y ellas me siguen» (v. 27).
Los discípulos de Jesús viven en este mundo, entre la gente. Escuchan muchas llamadas e incluso reciben mensajes engañosos. Hay muchos que se hacen pasar por pastores, que prometen la vida, el bienestar, la felicidad e invitan a la gente a seguirlos. Es fácil ser engañado por charlatanes. En medio de muchas voces, ¿cómo se puede reconocer la voz del verdadero Pastor? Es necesario acostumbrar al oído. El que oye a una persona sólo durante cinco minutos, y después de un año no le oye nada más, le resultará difícil distinguir la voz del otro en la multitud. El que escucha el evangelio sólo una vez al año, no aprende a reconocer la voz del Señor que habla.
No es fácil confiar en Jesús porque él no promete éxito, triunfos, victorias, como hacen los demás pastores. Se pide la entrega de sí mismo, exige la renuncia de buscar el propio provecho, exige el sacrificio de la vida. Y, sin embargo, asegura, este es el único camino que conduce a la vida eterna (vv. 28-29). No hay atajos; indicar otros caminos es hacer trampa y conduce a la muerte.
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